Víctor Sánchez Espinosa, arzobispo de Puebla, hace un llamado por la paz y un México libre de violencia.
Con la participación de aproximadamente 195 mil personas, la ciudad de Puebla fue escenario de la XXXIV Procesión de Viernes Santo, una de las manifestaciones religiosas más importantes del país, encabezada por Mons. Víctor Sánchez Espinosa, Arzobispo de Puebla hizo un llamado a los fieles a orar por un México libre de violencia y donde prevalezca la paz.
En un ambiente de profundo recogimiento, las principales calles del Centro Histórico se transformaron en un templo abierto, por donde avanzaron las imágenes más veneradas de la Angelópolis: el Señor de las Maravillas del templo de Santa Mónica; Jesús Nazareno de las Tres Caídas del templo de San José; la Virgen de los Dolores del templo del Carmen; la Virgen de la Soledad; el Niño Doctor de Tepeaca; el Señor de las Tres Caídas de Analco; el Señor de la Misericordia del templo de la Compañía y el Cristo de la Expiración, que presidió la procesión.
Durante la primera reflexión, el arzobispo Víctor Sánchez Espinosa convocó a los presentes a iniciar este acto de fe desde la humildad y el arrepentimiento:
“Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. Iniciamos, pues, en el nombre del Señor, nuestra procesión”.
En la segunda reflexión, el obispo auxiliar de Puebla, Francisco Javier Martínez Castillo, destacó que el Viernes Santo no es solo una tradición, sino la vivencia del amor de Dios que se entrega por la humanidad.
“Hoy caminamos en silencio. Hoy nuestras calles se vuelven templo y camino sagrado. Puebla entera acompaña a Cristo en su camino a la cruz”, expresó.
Subrayó que en la cruz se encuentran reflejados todos los dolores humanos —la injusticia, la violencia, la soledad y el sufrimiento—, pero también la esperanza:
“Ningún sufrimiento humano está ya solo, porque Dios mismo lo ha habitado”.
Asimismo, llamó a los fieles a vivir la procesión como un camino interior de conversión, invitando a perdonar, a amar más y a transformar el corazón.
“El amor verdadero cuesta, implica entrega, pero es también la fuerza que vence al odio y a la violencia”, puntualizó.
En la tercera reflexión, el arzobispo Víctor Sánchez Espinosa agradeció a parroquias, cofradías, voluntarios, instituciones educativas, autoridades y ciudadanía por hacer posible esta expresión de fe que año con año fortalece el tejido social.
Reiteró que esta procesión no solo es un recorrido por las calles, sino una oportunidad de transformación personal: “Que no regresemos a casa de la misma forma, sino transformados por el misterio que hemos contemplado: un Dios que nos ama hasta el extremo”.
Finalmente, recordó que tras el silencio del Viernes Santo y el recogimiento del Sábado Santo, la celebración culminará con la Vigilia Pascual, que abre paso a la alegría de la Resurrección.
La participación de miles de fieles consolidó a Puebla como un referente nacional de tradición religiosa, donde la devoción, el arte sacro y la unidad comunitaria convergen en una manifestación que trasciende generaciones.
En medio del silencio, las oraciones y el paso solemne de las imágenes, el mensaje fue contundente: ante un contexto marcado por la violencia, la fe, el perdón y el amor son el camino para construir una sociedad más justa, solidaria y en paz.
