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La problemática de los baches en la capital de Puebla se ha convertido en una auténtica pesadilla para cientos de miles de ciudadanos, quienes diariamente sufren las consecuencias de una infraestructura vial en deterioro. Lejos de ser un problema nuevo, la crisis actual se ha agravado con la llegada de la temporada de lluvias, evidenciando la insuficiencia de las acciones implementadas por la administración municipal.
El malestar ciudadano es palpable y no es para menos. Aunque el ayuntamiento, bajo la dirección del presidente municipal Pepe Chedraui, presumió haber reparado 36 baches al día durante sus primeros 100 días de gestión, estas acciones resultaron ser un paliativo ante la magnitud de la situación. El Partido Acción Nacional (PAN) fue uno de los primeros en alzar la voz en enero, advirtiendo sobre la ineficacia de estas medidas.
La situación se ha vuelto tan crítica que incluso el gobierno estatal ha tenido que intervenir de forma subsidiaria para apoyar a la capital. Sin embargo, las continuas y fuertes lluvias no permiten ser optimistas sobre la posibilidad de lograr resultados significativos a corto plazo.
La decepción ciudadana se ve acentuada por las promesas de campaña del alcalde Chedraui, quien se comprometió a relaminar toda la ciudad durante su trienio. Una promesa que, a la luz de la realidad, parece imposible de cumplir, generando expectativas que hoy solo contribuyen al creciente descontento.
Ante este panorama, la solución a largo plazo, según expertos, reside en una mayor inversión pública y en la priorización de materiales duraderos como el concreto hidráulico. Vías como el Circuito Interior, el Bulevar Hermanos Serdán, la 31, la 25 o la 11 norte-sur, son ejemplos claros de que este tipo de inversión, aunque más costosa inicialmente, reduce significativamente los gastos de mantenimiento en el futuro y garantiza vialidades de mayor calidad para los poblanos.