La presidenta en su laberinto

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Corre el sexto mes de gobierno y la presidenta se encuentra en el palacio que le alquila su antecesor, mentor y padrino. Claudia reflexiona sobre el significado de ejercer el poder en este México.

Primer acto. A 6 días de asumir como presidenta, el país amanece con la noticia de que asesinaron y decapitaron al presidente municipal de Chilpancingo, capital del estado de Guerrero. Una escena simbólica en la que el crimen organizado le envía un mensaje a las nuevas autoridades (la cabeza de Alejandro Arcos la encontraron el encima de un automóvil y su cuerpo en el asiento del copiloto); “lo hacemos porque podemos y nada nos importa el poder que ostentan”.

Segundo acto. La violencia imparable en Sinaloa después de que Ismael “el mayo” Zambada fuera entregado a Estados Unidos por los “chapitos”, hijos del otro líder del cártel. La población de ese estado vive meses secuestrada por el estado de guerra imperante entre ambos grupos, con autoridades federales y locales incapaces de recuperar el orden. Un hecho de violencia perpetuado en contra de un padre y sus 2 menores hijos quienes fueron acribillados por delincuentes cuando los confundieron con gente del grupo rival, es la descripción perfecta del estado de indefensión que viven los sinaloenses.

Tercer acto. Diversos voceros del nuevo gobierno norteamericano califican a México como un país secuestrado por el crimen organizado. Señalan la colusión de autoridades de todos los niveles de gobierno y la pérdida de territorios a manos de los criminales, donde son ellos quienes ejercen la autoridad. La vulnerabilidad del régimen crece con la captura de “el mayo” Zambada en EUA, quien podría negociar mejores condiciones para su causa a cambio de contar historias incómodas para la clase política mexicana.

Cuarto acto. El nuevo secretario de seguridad, Omar García Harfush, le da golpes significativos al tráfico de drogas, principalmente de fentanilo. La estrategia del nuevo gobierno contrasta con el “abrazos no balazos”, frase que describió la tolerancia mostrada por el gobierno anterior hacia el crimen organizado. Por otra parte, la presión del gobierno norteamericano fue determinante para obligar al nuevo gobierno mexicano a actuar con mayor decisión, y fue así como pasamos de “aquí no se produce ni trafica fentanilo” a “decomisamos toneladas de fentanilo”.

Quinto acto. Las madres buscadoras de jóvenes desaparecidos hicieron la tarea que las autoridades no pudieron o no quisieron, y encontraron en el Rancho Izaguirre un depósito de restos óseos con ropa, zapatos y lo que parecería hornos crematorios donde incineraban cuerpos humanos. El escándalo fue mundial, la Fiscalía Federal maniobró para echarle la culpa al gobierno de Jalisco, luego limpió la escena, dijo que no era un “campo de exterminio” sino que “ahí solamente mataban personas”. Hoy los mexicanos nos preguntamos cuantos más de esos campos hay en el país y si el gobierno está comprometido realmente con decir la verdad y llevar a la justicia a los responsables.

Sexto acto. Comenzaron las campañas de personas juzgadoras. Los nuevos integrantes del Poder Judicial Federal serán electos entre una lista palomeada por el expresidente López Obrador a través de sus alfiles en el partido MORENA y en el Senado. Significa que la justicia responderá al interés de un grupo político que, con su omisión o colusión, llevó a México al peor momento de violencia y desapariciones de toda la historia. Impunidad asegurada.

Séptimo acto. La presidenta hace lo que puede para mantener el comercio con Estados Unidos, combatir al crimen organizado, tapar los hoyos y sortear el campo minado que le dejó su antecesor, padrino y mentor. Pobre Claudia, pobre México.

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