Por Manuel CARMONA
En política no hay herencias automáticas, aunque se ganen elecciones con amplio margen. El poder, en cuanto se ejerce, empieza a dispersarse. Y eso es lo que comienza a suceder en Puebla.
Como era de esperarse, el proyecto de continuidad transgeneracional trazado desde el inicio de su periodo por el gobernador Alejandro Armenta, enfrenta ya complicaciones naturales y un desgaste prematuro. No por la oposición —que hoy luce fragmentada y sin narrativa—, sino por algo más complejo y, paradójicamente, más peligroso: las aspiraciones internas en Morena.
La historia RECIENTE enseña que el mayor adversario de un gobernador en funciones no suele estar enfrente, sino al interior de su propio movimiento. LA COHESION ES UNA FICCION útil mientras no se acercan los tiempos de sucesión. Cuando el calendario empieza a correr, cada actor mide fuerzas, construye alianzas y manda señales.
En la capital poblana, el alcalde José Chedraui no oculta sus aspiraciones reeleccionistas. Su proyecto es claro: consolidar control territorial desde el Ayuntamiento y fortalecer su posición negociadora hacia 2030. La reelección municipal no es un asunto menor; es una plataforma con presupuesto, estructura y presencia mediática permanente. En una lógica política, quien gobierna la capital genera un importante posicionamiento que se proyecta en todo el estado.
En el Senado, pese a los señalamientos de parentesco con el gobernador en funciones, eso no le ha mermado para que Ignacio Mier Velasco haya retomado su centralidad. Su capacidad de interlocución nacional, su cercanía con liderazgos parlamentarios y su conocimiento del entramado legislativo lo colocan en una posición expectante. Mier no es improvisado; entiende los tiempos y sabe que la sucesión poblana no se definirá únicamente en Casa Aguayo, sino en la Ciudad de México. Su fortalecimiento no es casualidad: ES ESTRATEGIA.
A ello se suma el crecimiento político del exgobernador Sergio Salomón Céspedes. Aunque luce improbable que llegue a la Secretaría de Gobernación federal, su presencia en espacios nacionales empieza a ser constante. Ha logrado lo que pocos exmandatarios consiguen: MANTENERSE VIGENTE sin confrontarse abiertamente CON EL PODER EN TURNO. Esa vigencia es capital político. Y el capital político, en tiempos de sucesión, se traduce en posibilidades.
En un perfil distinto, pero no irrelevante, está Olivia Salomón, hoy al frente de la Lotería Nacional. Su bajo perfil es más forma que fondo. En Puebla es sabido que mantiene interés en la gubernatura. Su estrategia parece orientada a la paciencia: no confrontar, no exponerse, no desgastarse. Pero estar lista. En política, a veces EL SILENCIO TAMBIÉN CONSTRUYE.
Todos ellos orbitan el mismo objetivo: la candidatura de Morena a la gubernatura. Cada uno desde trincheras distintas, con diferentes rutas de ascenso, pero con una convicción compartida: TODOS consideran que les asiste el mérito suficiente para competir.
Ahí radica el problema para el armentismo.
La continuidad política a través de sus delfines García Parra y Laura Artemisa no depende únicamente del deseo del gobernante en turno. Requiere disciplina interna, acuerdos sólidos y, sobre todo, ausencia de alternativas viables. Pero Puebla hoy tiene demasiadas.
El proyecto transexenal necesita cohesión, pero lo que se perfila es una pluralidad de aspiraciones que, conforme avance el sexenio, tenderán a acentuarse. Ninguno de los actores mencionados parece dispuesto a ceder anticipadamente. TODOS ESTÁN ARMANDO estructura, narrativa y presencia.
Morena, como partido dominante, suele resolver sus candidaturas mediante encuestas. Pero las encuestas no eliminan tensiones; SÓLO LAS ADMNISTRAN. Y cuando hay varios aspirantes con peso real, el margen de maniobra del gobernador se reduce.
La paradoja es clara: el éxito electoral que llevó a Armenta al poder hoy alimenta la ambición legítima de quienes se sienten con derecho a sucederlo. LA CONTINUIDAD NO ES UN DERECHO ADQUIRIDO; es una batalla que se libra todos los días.
En Puebla, esa batalla ya comenzó. Y los acontecimientos de inseguridad suscitados desde la madrugada del pasado 14 de febrero a la fecha en la entidad, incidirán de algún modo en los índices de aprobación, por lo que no se ve que la efervescencia social esté jugando a favor del gobernador.
* El autor es abogado, escritor y analista político.
