BUAP: la crisis que se enfrentó con diálogo y no con fuerza

pleca

¿Qué lecciones nos deja la reciente toma de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla?

La primera, y quizá la más importante: hay que escuchar las demandas estudiantiles. Todas. No minimizarlas, no ignorarlas. Los estudiantes tienen voz, y lo que ocurrió fue la consecuencia de quejas, protestas y peticiones que llevaban mucho tiempo en el aire. No eran nuevas. La inconformidad en la Facultad de Medicina solo fue la gota que derramó el vaso.

Segundo punto, también crucial: la rectora Lilia Cedillo Ramírez nunca dejó de llamar al diálogo. Dio la orden de no criminalizar a los estudiantes en paro y buscó por todos los medios sentarse a negociar, escuchar una por una las demandas del alumnado.

Ni la rectora ni el secretario general Juan Manuel Alonso Orozco, ni los encargados del diálogo —el vicerrector de Docencia, Jaime Vázquez López y el titular de la Comisión de Honor y Justicia del Consejo Universitario, Sergio Díaz Carranza— recurrieron a descalificaciones. Jamás hubo ofensas, ni posturas autoritarias.

A veces, desde los medios —nosotros, que vimos los toros desde la barrera— opinamos y juzgamos, pero nunca estuvimos en los zapatos de los académicos ni de los estudiantes. Fueron cerca de 40 mil personas las que detuvieron una de las principales fuentes de actividad económica y empleo en Puebla.

Por eso es de aplaudirse la actitud de la Rectoría y también la de los representantes estudiantiles: no hubo “Mosh”, ni liderazgos mesiánicos que intentaran secuestrar el movimiento. Tampoco hubo porros como en los años sesenta, setenta u ochenta. No hubo violencia.

Claro, tampoco fue un día de campo. Los responsables de la operación política —por parte de la Rectoría— y los voceros estudiantiles mostraron madurez. Supieron ceder, supieron escuchar.

La revolución, como era de esperarse, ocurrió en redes sociales. Hubo comentarios radicales, grupos extremos y cuentas anónimas —algunas evidentemente falsas— que lanzaron toda clase de diatribas. Pero ni siquiera eso detuvo las negociaciones. Y lo más significativo: no hubo represalias.

En la más reciente sesión del Consejo Universitario, la rectora ofreció un gesto honorable: pidió disculpas por las afectaciones a terceros. Desde los alumnos de nuevo ingreso hasta los egresados que necesitaban sus documentos para incorporarse al mundo laboral. También a los comercios y proveedores que dependen de la vida universitaria: fondas, cocinas económicas, casas de huéspedes, papelerías, librerías, copiadoras, imprentas… un ecosistema que se vio detenido.

¿Qué sigue? Un proceso complejo: la reconstrucción interna y externa. Pero hay voluntad. Las partes están dispuestas a continuar con el diálogo, a que los acuerdos no se queden en el tintero. A que se analice todo.

Un factor que favoreció el regreso a clases presenciales —que arranca hoy en CU y CU 2— fue el respaldo político que recibió la rectora por parte del gobernador Alejandro Armenta Mier durante la ceremonia de sus primeros cien días de gobierno. El mensaje fue claro: han trabajado juntos, y seguirán trabajando. La presencia de Lilia Cedillo en ese acto envió una señal positiva.

Lo que venga ahora será un buen acto de autocrítica.

Y que continúe el diálogo entre las partes.

Foto: Es Imagen

Te puede interesar