Jorge Barrientos
Durante la celebración de Pentecostés, el arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez Espinosa, pidió a Jesús enviar al Espíritu Santo para traer paz a los corazones, a las familias y a todo México, golpeado por la violencia que ha enlutado a tantas comunidades.
Desde el altar, el prelado elevó oraciones especialmente por el descanso eterno de Reyes Pajarito Hernández y Johan Ramírez Hernández, dos adolescentes encontrados sin vida recientemente en Coronango y Huejotzingo, casos que han consternado a la sociedad poblana y evidencian la grave crisis de seguridad.
Sánchez Espinosa recordó que el Papa León XIV, en su homilía de Pentecostés, señaló que el Espíritu Santo “abre fronteras en un mundo que construye muros”, un mensaje que cobra relevancia en un México donde la violencia ha levantado muros de miedo y dolor.
“Es momento de invocar al Espíritu Santo para que traiga paz a este México tan ensangrentado”, dijo el arzobispo. “Que llegue a los corazones de las familias que han perdido a sus seres queridos y a quienes siguen esperando respuestas”.
En su mensaje, el arzobispo destacó que Pentecostés marca el fin de la Pascua y el inicio de una nueva etapa para los fieles, recordando que la Iglesia celebra también la Santísima Trinidad y, el próximo jueves, la procesión del Corpus Christi, que saldrá de Analco rumbo a la Catedral.
El prelado recordó que todos los fieles tienen dones y carismas distintos, pero insistió en que “el Espíritu es el mismo. Así como el cuerpo es uno solo, así también es Cristo, y nosotros somos parte de ese cuerpo”.
Sánchez Espinosa hizo un llamado a la Iglesia y a la sociedad para ser “una Iglesia cercana, que sale al encuentro, que es cariñosa con sus hijos y con quienes sufren”.
La solemnidad de Pentecostés, celebrada este 8 de junio, conmemora la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles y simboliza el nacimiento de la Iglesia Católica, cincuenta días después del Domingo de Pascua.
Finalmente, el arzobispo pidió por todas las víctimas de la violencia en México, así como por los desaparecidos y sus familias, especialmente por las madres y padres que, entre lágrimas y esperanza, siguen buscándolos.