Por Manuel CARMONA
Desde luego que en política la lealtad siempre ha sido una virtud. Pero cuando se convierte en EL ÚNICO CRITERIO PARA GOBERNAR, termina por convertirse en un lastre.
De ahí que la actual administración gubernamental en Puebla esté obligada a resolver uno de los más importantes dilemas en el ejercicio del poder: seguir intentando avanzar con la entusiasta participación de INCONDICIONALES o apostarle a priorizar la integración de un equipo de gobierno EFICAZ. No siempre son lo mismo. Y en el caso que nos ocupa, el equilibrio parece inclinarse peligrosamente hacia la primera premisa.
Hay que decirlo sin regateos: no todo es gris en esta administración. Se tiene a cuadros sólidos y experimentados que aportan oficio y estructura. Ahí están Víctor Gabriel Chedraui, político, conciliador y con vasta experiencia de gobierno; Silvia Tanús Osorio, con amplia trayectoria y tablas; Fritz Glockner, incorporación reciente que aporta perfil intelectual; la maestra Laura Artemisa, con formación y estructura política; y su secretario de gabinete, José Luis García Parra, pieza clave en la articulación interna. Ese núcleo existe y FUNCIONA.
El problema es el resto.
Porque gobernar no solamente es administrar afectos ni pagar lealtades acumuladas en campaña. GOBERNAR ES RESOLVER. Y cuando se observan áreas completas del gabinete que no dan resultados, que no comunican, que no innovan y que parecen más preocupadas por conservar el cargo que por justificarlo, la pregunta se vuelve inevitable: ¿Es suficiente la fidelidad como credencial?
No lo es.
Max Weber advertía que la política es “la lenta perforación de tablas duras con pasión y mesura”. Esa combinación —pasión y mesura— supone algo más que entusiasmo y disciplina partidista; implica racionalidad técnica, cuadros capacitados y responsabilidad institucional. El poder, para Weber, debía ejercerse con ética de la responsabilidad, no sólo con convicción personal. Traducido al presente: la lealtad sin competencia es una apuesta temeraria.
Alejandro Armenta ha planteado metas ambiciosas. Ha hablado de convertir a Puebla en la capital tecnológica del país, una suerte de Silicon Valley mexicana. Ha prometido posicionarla como un referente en el deporte. Ha reconocido el desafío estructural de la movilidad en una zona metropolitana que crece sin planeación suficiente. Son objetivos de gran calado que exigen equipos de alto rendimiento, no cuadros medianitos.
Para transformar una entidad en polo tecnológico se requiere más que discurso: se necesitan perfiles con experiencia en innovación, inversión, desarrollo urbano, vinculación internacional. Para hacer de Puebla una entidad que pueda destacar para bien en el panorama nacional, se necesitan gestores con redes, planeación financiera y visión de largo plazo. Para enfrentar el caos vial se requieren especialistas en transporte, urbanismo, ingeniería y política pública. No llenar las dependencias de operadores políticos reciclados de todos los partidos, solo por cumplir con el pago de facturas.
Es cierto que el Gobernador ya ha realizado muchos cambios. Pero la mayor parte de ellos son movimientos laterales, enroques internos y ajustes cosméticos. Se cambia a las mismas personas de lugar. No hay renovación real. No hay incorporación de talento externo. Y no se trata de edad, NO ES UN ASUNTO GENERACIONAL. Se trata de experiencia, de especialización, de complementariedad.
Todo Jefe del Ejecutivo necesita colaboradores que le digan lo que no quiere oír, que le aporten datos incómodos, que cuestionen decisiones. Los equipos homogéneos, construidos sobre la base exclusiva de la lealtad, terminan aislando al gobernante de la realidad. Y la realidad siempre, tarde o temprano, pasa la factura.
Sin duda que Armenta tiene capital político, tiene narrativa y tiene metas ambiciosas. Pero si pretende salir airoso de esta racha de inseguridad que azota nuestro estado y de la efervescencia que se está gestando con motivo del arranque de las obras del cablebús entre algunos otros focos que se han ido prendiendo en las últimas semanas, tendrá que revisar y reconsiderar que la LEALTAD es un requisito necesario, pero NUNCA SUFICIENTE. Gobernar exige talento probado, diversidad de perfiles y capacidad técnica. Exige rodearse de los más CAPACES, no de los de más confianza.
Porque al final, los costos no los pagará solamente él y su partido, LOS PAGARÁ PUEBLA.
• El autor es abogado, es escritor y analista político.
