
El jaloneo ocasionado por la reforma electoral dejó en claro una sola cosa: la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, carece de un buen operador político, como lo había en antaño y despachaban desde Bucareli.
Es muy claro que la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, es sumamente ineficiente o simplemente no estaba este tema dentro de su agenda (que debería de haberlo estado).
De hecho, ella debió de haber encabezado las negociaciones con los diferentes actores políticos, incluidos los de su propio bloque, es decir, los aliados del Verde y del PT, para que todos fueran juntos apoyando la reforma electoral de la presidenta, pero no fue así.
Ni duda cabe que la presidenta se va a salir con la suya y modificará la ley, sin necesidad de contar con mayoría calificada, lo hará a través de la modificación de leyes secundarias, como lo intentó hacer su antecesor, el presidente López, lo cual resulta inconstitucional, pero como domina la Corte, ningún amparo que se presente va a proceder, ese es el plan B de la mandataria.
Sin embargo, el costo político que va a pagar la presidenta y su partido sin duda va a ser alto, porque tácitamente le estará dando la muerte a quienes fueron dos valiosos aliados (Verde y PT), a los cuales cree que ya no va a necesitar y puede que tenga razón, porque con su reforma asegurará la hegemonía para un partido de estado, como en los viejos tiempos de la dictadura perfecta contra la cual luchó era cuando era una joven estudiante.
Pero de regreso al tema medular de la columna, es evidente que la presidenta debe hacer un cambio en gobernación, una vez que concluya esta etapa de la reforma electoral, porque todo esto se pudo haber arreglado si ella tuviera en el viejo edificio de Bucareli a un verdadero operador político, el cual, vaya que le va a hacer falta en 2027, porque aunque tendrá el control total y absoluto del proceso, las condiciones nacionales, pese a lo que le digan sus asesores, no son las óptimas y también habrá que ver qué dice Estados Unidos.
Juan Pablo Cisneros y el CCE. Este día el dueño de las pastelerías La Zarza y ex presidente de la Cámara de Comercio de Puebla, Juan Pablo Cisneros, tomará posesión de su cargo como nuevo presidente del Consejo Coordinador Empresarial de Puebla, en sustitución de Héctor Sánchez Morales, quien utilizó su cargo para el beneficio personal de su empresa Pinturas “Osell” y se olvidó del resto del empresariado poblano, sector que desde hace mucho tiempo no cuenta con un verdadero representante de peso.
Atrás quedaron los tiempos de Humberto Ponce de León Ahumada, de Jorge Espina Reyes, de José Manuel Rodora Artasánchez, de José Yitani Maccise, de Juan José Rodríguez Posada, solo por mencionar algunos verdaderos generales del sector empresarial de Puebla.
Hoy tristemente pululan los “Varguitas” empresariales, el mejor ejemplo es lo que recientemente ocurrió en la cámara de la construcción, en donde un grupúsculo se hizo del control de este organismo para beneficiarse solo ellos y sus empresas de las obras públicas que les otorgue el gobierno, así de corta en su visión, pero bueno que podemos esperar, cuando su “asesor” mediático es el director de un medio que nadie escucha y de un impreso que solo sirve para lavar dinero universitario. Ya daré cuenta de ello.
¿Influencer o político (a) e ahí el dilema? La diputada local representante del distrito 18 con cabecera en San Pedro Cholula, Nayeli Salvatori Bojalil, con uno de sus habituales videos, puso sobre la mesa un tema que es muy bueno debatir, ¿qué quieren los ciudadanos como sus representantes populares, “influencers” metidos en sus personajes o políticos para hacer política?
“Nay”, como le dicen sus amigos, sin lugar a duda goza de una amplia popularidad, no por nada llegó a ser un su momento la “reina de la radio” en Puebla con su programa que se caracterizaba por ridiculizar a su propio auditorio y burlarse de manera soez de la gente. Literal la rompía en sus transmisiones, nadie dice lo contrario.
Aquí vale la pena hacer un paréntesis para parafrasear a mi querido Mario Alberto Mejía, quien a su medio le puso por nombre, “El hipócrita lector”, frase genial del poeta francés Charles Baudelaire, quien le reprochaba a sus lectores, precisamente eso, que lo leyeran, pues al hacerlo se hacían sus cómplices.
Todo esto viene a colación, por lo que representa la diputada Salvatori, quien ha encontrado un perfecto método para llamar la atención y ella misma lo dice, quienes la atacan la hacen más famosa, cada vez que la citan ella se sale con la suya, eso es lo que busca, es un fenómeno de las redes sociales e incluso gana dinero por ello.
Esto para nada es una defensa de la política e “influencer”, al contrario, la reflexión viene a que las “Neyelis Salvatori” no existirían, si no tuvieran un amplio número de “hipócritas seguidores”, que hacen posible que estos personajes crezcan, obtengan dinero y aún más, ahora ocupen puestos dentro de la política local o incluso nacional.
Lo mismo ocurre con el matrimonio que gobierna en Nuevo León, el de Samuel García, para mí un personaje de opereta y también su esposa Mariana Rodríguez, los primeros en aprovechar el impulso de las redes sociales para hacerse del control de un estado y de todos sus recursos.
En lo personal me resistía a hablar del tema porque sé que eso es lo que precisamente busca a toda costa, que se hable de ella.
“Nay” el personaje va a existir y seguirá existiendo, mientras desafortunadamente haya millones de personas que la sigan y miles que voten por ella. Es cuánto.
