Por Ricardo Morales
Marín regresó humillado de las entrevistas otorgadas a Televisa, la estrategia de comunicación había fracasado, ahora el entonces gobernador de Puebla tenía que hacer frente al descontento social, capitalizado por sus enemigos políticos, principalmente el alcalde de Puebla y ex rector de la BUAP, Enrique Doger Guerra y la derecha poblana, la cual estaba derrotada y recobró bríos al ver la debilidad del entonces mandatario.
El 26 de febrero del 2006 miles de poblanos (algunos calculan que hasta 40 mil almas) marcharon por las calles para exigir la renuncia del llamado “gober precioso”. Al día siguiente alrededor de 30 mil también marcharon en apoyo a Marín, se trataba de priistas y burócratas de ese tiempo.
El entonces gobernador de Puebla cayó en depresión, se refugió en el alcohol y trató de evitar los eventos públicos, sus asesores le recomendaron solo visitar municipios del interior del estado, “pueblear”, en donde Marín tenía un amplio apoyo popular por sus orígenes.
El entonces secretario de Gobernación, Javier López Zavala, prácticamente asumió las funciones del mandatario, quien evitaba actos sociales en la capital y también políticos. La presión de su propio partido político crecía.
Paradójicamente, el hombre que había sido fundamental para que Marín pudiera hacerse de la candidatura del PRI a la gubernatura de Puebla, Roberto Madrazo Pintado, quien en 2004 era el dirigente nacional del PRI; dos años después, ya investido como candidato del tricolor a la presidencia de la República (el 19 de noviembre de 2005 Madrazo le había ganado la consulta interna a Arturo Montiel), reunió a todos los gobernadores del tricolor en el estado de México.
Ante los 17 gobernadores con los que contaba en ese entonces el PRI, el candidato a la presidencia de la República, Roberto Madrazo, solicitó la renuncia del gobernador de Puebla. Un silencio incómodo invadió el ambiente, Marín se puso de pie y miró con odio al tabasqueño.
Madrazo argumentó que el factor Marín iba a ser fundamental para hundir su campaña rumbo a la presidencia de la República, en donde competía en contra del ex secretario de Energía del gobierno de Vicente Fox, el michoacano Felipe Calderón Hinojosa, quien se hizo de la candidatura del PAN y contra el ex jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, quien era el candidato del PRD.
Marín no podía creer que Madrazo pidiera su renuncia, el poblano había sido fundamental para que el tabasqueño se convirtiera en presidente nacional del PRI en el 2002, cuando venció a la tlaxcalteca Beatriz Paredes Rangel, haciendo fórmula con la entonces dirigente nacional del SNTE, la maestra Elba Esther Gordillo.
De hecho, desde 1999 Marín se la había jugado con Madrazo, cuando este buscó por primera vez la candidatura del PRI a la presidencia de la República, en la que cayó derrotado ante el candidato oficial, Francisco Labastida Ochoa.
En ambas ocasiones, 1999 y 2002, Marín se enfrentó en Puebla con el entonces gobernador Melquiades Morales Flores, quien en ambos procesos jugó con Labastida y luego con su gran amiga, Beatriz Paredes. Esto había distanciado todavía más a Mario Marín de Melquiades Morales, pero también lo distanció de quien había sido su maestro e impulsor de su carrera política, el también exgobernador Manuel Bartlett Díaz, quien también había participado en esa contienda interna, quedando en tercer lugar y en cuarto quedó el tristemente célebre, Humberto Roque Villanueva, el hombre que encabezó la bancada priista en 1995 que incrementó el IVA del 10 al 15 por ciento.
Luego de haber sido compañeros de tantas batallas, Marín se sentía ahora traicionado por Roberto Madrazo, quien solicitaba su renuncia a la gubernatura de Puebla. El entonces mandatario increpó a Madrazo y la tensión privó en la reunión hasta que el entonces joven gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, intervino para poner fin a la disputada entre el poblano y el tabasqueño.
Peña tomó la palabra y salió en defensa de su homólogo de Puebla, el mexiquense fue claro, no podían entregar la cabeza de Mario Marín, porque entonces el presidente panista, Vicente Fox, iniciaría la “cacería” del resto de los gobernadores del PRI. “Si cae Marín, después irán por cada uno de nosotros”. La reflexión de Peña Nieto causó efecto entre el grupo de gobernadores del tricolor, quienes rechazaron que se entregara la cabeza del poblano. Todos los mandatarios cerraron filas en torno a Marín. Madrazo tuvo que aceptar la resolución de los gobernadores porque los necesitaba para financiar y contar con su operación para la campaña que acababa de iniciar.
Marín abandonó el estado de México lleno de ira y con sed de venganza. De regreso en Puebla, el mandatario estatal comenzó a recibir ofertas de los otros dos contendientes.
El fallecido Agustín Ortiz Pinchetti fungió como puente entre el entonces candidato del PRD a la presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador, y el gobernador de Puebla. Muchos lo van a negar, pero hubo ofrecimientos por parte del tabasqueño para obtener el apoyo de la estructura del poblano en la elección que se aproximaba a cambio de aliviar la situación del mandatario poblano si el “Peje” ganaba.
Del otro lado, el entonces secretario de Gobernación Carlos Abascal Carranza (monseñor Abascal), también entró en contacto con el poblano para solicitar su apoyo en la operación de la elección del 2006, la cual lucía cerrada en incluso favorable a López Obrador, a quienes los panistas calificaban como “un peligro para México”.
Abascal sabía que la operación de los gobernadores del PRI a favor del candidato panista Felipe Calderón era fundamental y podría inclinar la balanza hacia uno u otro lado.
Marín y su equipo encabezado por López Zavala dudaban de con quién jugar; sin embargo, un personaje fue fundamental para inclinar la balanza a favor de los panistas, la maestra Elba Esther Gordillo, quien tenía cuentas pendientes con Roberto Madrazo.
(Continuará)
