Memorias Poblanas: A la maestra con cariño

Por Ricardo Morales

A finales de los ochenta y principios de los noventa, existía una líder sindical, quien era considerada la mujer más poderosa de México, Elba Esther Gordillo Morales.

La chiapaneca había tomado el control del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), de la mano del recién llegado presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, quien tomó venganza de los líderes sindicales de Pemex, Jesús Hernández Galicia alias “La Quina”, a quien metió a la cárcel y Carlos Jongitud Barrios del SNTE, quienes le jugaron las contras en la interna del PRI apoyando a sus adversarios.

Elba Esther convivió casi tres años con Manuel Bartlett cuando este fungió como secretario de Educación Pública y el tabasqueño puso en marcha la llamada “modernización educativa”, la cual reducía el poder del sindicato magisterial. Esto enfrentó directamente a Elba con quien después sería el gobernador de Puebla.

De hecho, se dice que el relevo de Bartlett se debió a los constantes choques con el poblano-tabasqueño, a quien el entonces presidente Salinas le ofreció una salida digna: la embajada de México en Francia. Fue entonces que Manuel le pidió mejor la gubernatura de Puebla. Ernesto Zedillo, otro rival de Manuel, asumió la SEP y después fue presidente de México.

Ya siendo gobernador de Puebla, Bartlett tenía en Mario Marín a un eficiente subsecretario B de gobernación, quien se encargó de la relación con el SNTE mientras el verdadero secretario de educación, Luis G. Benavides, se encargaba de la modernización educativa en la entidad.

Marín ascendió pronto a secretario de Gobernación en sustitución de Carlos Palafox y desde ahí, solidificó la relación con Elba Esther y su poderoso sindicato, considerado el más grande de América Latina.

Marín se ganó tanto al entonces gobernador de Puebla que Bartlett no dudó en designarlo presidente estatal del PRI para darle el control y la operación del “partidazo”, el mixteco logró el histórico 15-0, la venganza de Bartlett contra la derecha poblana. Después, como ya es de todos sabido, Marín fue alcalde de Puebla.

Desde la interna del PRI para buscar a su candidato a la presidencia de la República, la cual se celebró en 1999, Marín siendo alcalde de Puebla no se la jugó con Manuel Bartlett, ni con el candidato oficial, el sinaloense Francisco Labastida Ochoa ex director de Pemex, el poblano optó jugarle las contras a su exmaestro Manuel Bartlett y también al entonces gobernador Melquiades Morales Flores y apostó por el tabasqueño Roberto Madrazo con quien había establecido amistad. 

El 7 de noviembre de 1999 Francisco Labastida se alzó con el triunfo en la interna del PRI y se convirtió en el candidato a la presidencia de la República, aunque cayó derrotado ante el panista Vicente Fox en la constitucional del año siguiente.

Madrazo había encabezado una excelente campaña de marketing, Carlos Alazraki, el encargado del marketing político del tabasqueño, ideó una frase que quedó para la posteridad: “dale un Madrazo al dedazo”.

Tras la derrota de Labastida en el 2000, muchos auguraban la desaparición del PRI, luego de haber gobernado por 70 años a este país; sin embargo, la estructura total de México estaba en manos de priistas, así como sus instituciones y sindicatos.

Madrazo tenía en ese momento la autoridad moral para asumirse como el nuevo líder del PRI y así lo hizo en alianza con la mujer más poderosa de México, Elba Esther Gordillo y su sindicato magisterial.

Madrazo y Elba Esther derrotaron en la interna por la dirigencia nacional del PRI a Beatriz Paredes Rangel, la ex líder nacional de la CNC y exgobernadora de Tlaxcala. En esa interna, Melquiades apoyó a la tlaxcalteca, mientras que Marín le volvió a jugar las contras y apoyó al tabasqueño y a su amiga Elba, con quien había tenido mucha relación en sus tiempos de secretario de Gobernación de Manuel Bartlett; el destino los había reunido.

El 24 de febrero de 2002 Madrazo y Elba Esther ganaron la dirigencia nacional del PRI y asumieron el control del “partidazo”, el cual contaba con 17 gobernadores en funciones y una fuerte representación en la Cámara de Diputados y el Senado.

La victoria de Madrazo y Elba Esther fortaleció las posibilidades de Marín de pelear por la presidencia de la República en 2004. Era parte del grupo que había ganado y, por si fuera poco, había establecido una fuerte alianza con Fernando Morales, el hijo del entonces gobernador, quien también le había jugado las contras a su padre y era parte del círculo más cercano a Roberto Madrazo.

En las elecciones intermedias del 2003, de la mano de Madrazo y Elba Esther, el PRI se recuperó milagrosamente de la derrota sufrida en el 2000 a manos del PAN. Elba Esther Gordillo, además de ser secretaria general del tricolor, era también diputada federal y coordinadora de la bancada en San Lázaro. Su poder era infinito.

En su círculo más cercano “burbuja”, Elba había incluido a un joven diputado federal poblano, hábil, inteligente y ambicioso, quien había creado un mito en torno a su personaje, Rafael Moreno Valle Rosas.

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