Ricardo Morales
Dos jóvenes se encuentran en una de las discotecas de moda de la ciudad de Puebla a mediados de los años ochenta.
Uno de ellos es hijo del presidente municipal de Martínez de la Torre, Veracruz, el otro es nieto de un exgobernador.
Ellos no se conocían entre sí, pero tienen amigos en común que de inmediato los juntan, son parte de la élite poblana, la “gente bonita” que se divierte y disfruta de la música de los Flans y Timbiriche.
En medio del bullicio y del ruido ensordecedor comienzan a platicar a gritos.
- ¿Cómo te llamas? Pregunta el hijo del presidente municipal de Martínez de la Torre.
- Rafael Moreno Valle, como mi abuelo, el general y como mi padre.
- ¿Y qué estudias?
- Ahorita la prepa, pero me iré a los Estados Unidos a estudiar a la universidad, porque voy a ser gobernador como lo fue mi abuelo, me gusta la política y algún día voy a ser gobernador de Puebla.
La música siguió y siguió, las copas, los bailes, el humo del cigarro, llegó la madrugada y con ella el amanecer. Pasó el tiempo luego de esa charla.
El hijo del entonces presidente municipal de Martínez de la Torre se fue a estudiar Relaciones Internacionales a la UDLAP, el otro joven se fue a los Estados Unidos, tal y como lo prometió.
El tiempo transcurrió, los dos jóvenes se volvieron a encontrar en una colonia pobre al nororiente de la ciudad de Puebla, era el año de 1992, Manuel Bartlett Díaz era el candidato del PRI a la gubernatura de Puebla.
El poderoso exsecretario de Gobernación había salido de la SEP luego de sus enfrentamientos con la maestra Elba Esther y había sido sustituido en el cargo por Ernesto Zedillo, quien más tarde sería presidente de México.
Manuel Bartlett recibió de parte del entonces presidente, Carlos Salinas de Gortari, una oferta para irse como embajador de México en Francia, pero el brillante político tabasqueño-poblano prefirió ser gobernador de Puebla, por lo que le pidió a Salinas ser el candidato del PRI en esta entidad, la cual tendría elecciones en ese ya lejano año de 1992.
Salinas se lo concedió y fue entonces como Bartlett abandonó el confort de la ciudad de México para venir a gobernar la entidad que lo vio nacer por accidente.
El viento soplaba fuerte en los polvosos campos de fútbol de la colonia marginada al nororiente de la ciudad de Puebla y ahí los dos jóvenes se volvían a encontrar.
El hijo del ya para entonces expresidente conducía un “vochito” en el vehículo; llevaba el buzón de atención ciudadana del candidato, el cual se ponía antes de que llegara el personaje en cuestión para recibir todas las “quejas y sugerencias” del personaje en cuestión. Rafael llegó enfundado en sus jeans y una camisa sport.
- “Vengo por el buzón”, dijo.
- ¿Ya no te acuerdas de mí?”, le cuestionó. Nos conocimos por amigos en común en una discoteca hace unos años.
- “Claro, claro”, le respondió Rafael. ¿Qué andas haciendo?
- Estoy en la campaña del candidato del PRI a la gubernatura, Manuel Bartlett. Un amigo me invitó a participar junto con otros jóvenes y me encargo del buzón de solicitudes, peticiones y quejas.
- No me digas, yo también estoy dentro de la campaña del candidato. Me encargo de procesar las solicitudes y peticiones, así como de clasificarlas, además de analizar los resultados de las encuestas. Sigo estudiando en Nueva York, pero vine para trabajar un rato en la campaña, porque como ya te dije, voy como mi abuelo a ser gobernador de Puebla, pero yo sí voy a terminar mi periodo de gobierno.
- Está muy bien, me dio mucho gusto verte, le dije y se despidieron.
Rafael se llevó el buzón y se despidió de su conocido, no se volverían a ver hasta ocho años después cuando Rafael volvería a Puebla, convertido ya en el secretario de Finanzas y Desarrollo Social del entonces gobernador, Melquiades Morales Flores.
Ese había sido el inicio de su carrera política, ambición que lo llevaría a tratar de buscar la presidencia de la República y que también ocasionaría su muerte.
