Memorias poblanas: El olvido es la única venganza (Borges)

Por Ricardo Morales

El PRI llegaba al 2003 en plenitud, había recuperado el vigor luego de la derrota sufrida en el 2000, en donde Fox les había arrebatado la presidencia de la República.

En total, en el país, el PRI obtuvo 224 diputados federales, el PAN 151, el PRD 95, el Verde 17, Convergencia 5, el PT 6 diputados y otros dos sin partido. En total, la llamada “Alianza para Todos”, encabezada por el tricolor, había logrado obtener el 36 por ciento de los votos. La campaña para “quitarle el freno al cambio” había fracasado, Madrazo y Elba Esther estaban en los “cuernos de la luna”.

Elba Esther conformó un grupo de élite en San Lázaro, la famosa “burbuja legislativa”, integrada por los diputados federales priistas, Rafael Moreno Valle, Tomás Ruiz, Miguel Ángel Yúnez y Claudia Ruiz Massieu, sobrina del expresidente, Carlos Salinas de Gortari. Moreno Valle fue nombrado presidente del poderoso comité de administración de San Lázaro, el que se encargaba de manejar todos los recursos de la legislatura, de ese tamaño fue la confianza de Gordillo hacia el poblano.

Sin embargo, en septiembre de 2003, mientras se llevaba a cabo la plenaria de la fracción parlamentaria del PRI en Puebla, en el salón Analco del Centro de Convenciones, estalló una disputa entre el diputado federal, Emilio Chauyffet Chemor, quien había sido gobernador del Estado de México y también secretario de Gobernación, y la poderosa maestra. 

El entonces diputado federal, José Alarcón Hernández, consumado “mapache electoral priista” y gente del gobernador Melquiades Morales Flores, secundó a Chuayffet quien solicitó la renuncia de Elba Esther Gordillo a la coordinación de los diputados federales del PRI.

El mexiquense y el poblano obtuvieron el apoyo mayoritario de la bancada en la rebelión y solo un grupo minoritario siguió a la maestra, entre ellos el también poblano Rafael Moreno Valle, el PRI solito se había roto. La maestra abandonó el recinto en medio de gritos y empujones entre los integrantes de su bancada. Elba llegó al estacionamiento subterráneo del Centro de Convenciones de Puebla, se subió a su Suburban y abandonó el recinto. Madrazo no movió ni un solo dedo para ayudar a su exaliada, ni mucho menos salió a su defensa. De todo esto di cuenta en las páginas del periódico Intolerancia Diario a primera plana.

En diciembre Elba Esther Gordillo fue destituida como coordinadora del grupo mayoritario del PRI, aunque permaneció en el cargo de secretaria general del tricolor hasta el 2005. Esto selló la muerte del expartidazo, sus esperanzas de recuperar la presidencia de la República y por supuesto el destino de Roberto Madrazo que se había ganado una enemiga de mucho peso. Chauyffet tomó la coordinación de la bancada priista en San Lázaro.

Roberto Madrazo, como ya lo comenté, ayudó a Marín para hacerse de la candidatura a la gubernatura de Puebla. La maestra Elba Esther solidificó su relación con Rafael Moreno Valle, quien negoció a través de Javier López Zavala y Fernando Manzanilla el sumarse a favor del mixteco para impedir que Germán Sierra obtuviera la designación.

Ambas estructuras, la de Mario Marín y la de Rafael, se reunieron en el restaurante La Conjura para sellar el acuerdo: Marín sería gobernador y Rafael líder del Congreso local, y en 2006 tendría la oportunidad de encabezar la fórmula al Senado de la República. Todo parecía perfecto.

Sin embargo, el 14 de febrero de 2006 todo cambió diametralmente tras el escándalo del Lydiagate.

Madrazo, desesperado porque en 2006 Elba Esther había renunciado a la secretaria general del PRI y se había puesto al servicio de Acción Nacional, comenzó su aventura por ser candidato a la presidencia de la República, pero había desconocido a su anterior aliado, el gobernador Marín, y le había pedido su renuncia.

Marín, tras ser salvado por Peña Nieto, había regresado a Puebla no solo humillado, sino con sed de venganza. Fue entonces que recibió una llamada telefónica que cambió todo. La maestra Elba Esther Gordillo lo invitó a su casa de la Ciudad de México.

La maestra ya había conseguido que Rafael Moreno Valle renunciase al PRI. Elba Esther había negociado con el candidato a la presidencia de la República de Acción Nacional, Felipe Calderón Hinojosa, y con el secretario de Gobernación, Carlos Abascal Carranza, sumar a varios expriistas a las filas del albiazul con el fin de derrotar al entonces candidato del PRD y exjefe de Gobierno de la Ciudad de México, el tabasqueño Andrés Manuel López Obrador.

Moreno Valle, tras renunciar al PRI, acusó a Marín y al PRI de faltar a los acuerdos establecidos en 2004 en la Conjura que establecían que después de ser líder del Congreso, sería candidato del tricolor al Senado de la República. En realidad, Rafael sabía que el PRI poblano estaba muerto y no quiso ser arrastrado por el desprestigio de la administración estatal.

Su madrina política “la maestra” operó mágicamente con Abascal y Calderón y Moreno Valle se convirtió en el candidato del PAN a la Cámara de Senadores de la República, encabezado la fórmula del albiazul en Puebla, misma que había ganado en la convención correspondiente el panista Ángel Alonso Díaz Caneja, quien aceptó moverse a la lista de la tercera circunscripción encabezando a los pluris de este partido también al Senado, mientras Rafael encabezaba la fórmula llevando como compañero a Humberto Aguilar Coronado, el famoso “Tigre”. A ambos se les conoció como “la dupla felina”.

Pero Elba Esther no solo logró colocar a su “ahijado” dentro del PAN, sino también, enterada de que Marín y Madrazo habían roto, aconsejó al priista en desgracia ponerse al servicio del PAN y de su candidato Felipe Calderón, quien detestaba al gobernador de Puebla, pero sabía que su operación política en su estado podía ser determinante para obtener un triunfo que ya se por sí se antojaba difícil.

Elba Esther le habló al secretario de Gobernación, “monseñor” Carlos Abascal, para informarle que Marín había aceptado la operación a cambio de su exoneración si Calderón ganaba la presidencia de la República. Abascal aceptó y le marcó a Manuel Espino Barrientos, entonces dirigente nacional del PAN e integrante del Yunque, como también lo era “monseñor”. 

Abascal instruyó a Espino reunirse con Mario Marín y su secretario de Gobernación, Javier López Zavala, en la ciudad de Cholula a finales del mes de abril.

Manuel Espino acudió al encuentro con Marín y Zavala acompañado de aquel entonces joven, de nombre Eduardo Rivera Pérez, también integrante del Yunque y dirigente estatal del PAN en Puebla.

Enterado de la reunión, instruí al reportero Paolo Yolatl para que acudiera al encuentro y vio entrar a Espino y López Zavala al encuentro, así como cuando Espino se retiraba del hotel Villas Arqueológicas. Todo quedó registrado en la primera plana de “Intolerancia Diario”.

Marín había salvado su pellejo, le había vendido su alma al diablo, todo lo que ocurrió después de esto solo fue un “espejismo electoral” y sentó las bases de la derrota tricolor del 2010.

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