
En la columna de ayer señalaba como contexto la situación que prevalece en Tehuacán y el papel que está jugando la secretaria de Gobernación estatal.
En ese contexto, el subsecretario I.R. vuelve a escena en el tema Tehuacán en menos de una semana, cuando el 18 de abril con su presencia en Azumbilla y Chapulco se ordenó la clausura de invernaderos —sin que, según actores locales, mediara sustento técnico o legal sólido— terminó por escalar el conflicto.
Pero aquí el matiz es clave.
La intervención de Gobernación no fue neutra. Se inclinó hacia el lado del “pueblo”, una postura políticamente rentable, pero que abrió un espacio de oportunidad.
Porque en ese terreno —el del conflicto social— comenzaron a tenderse puentes.
Y ahí aparece de nuevo el hermano del notario Rodríguez, quien, según versiones, encontró en ese escenario la vía para acercarse, operar y posicionarse. No solo como interlocutor, sino como pieza dentro del conflicto.
Respaldado —dicen en la región— por Pedro Tepole, quien no solo habría tenido injerencia en la movilización, sino en la construcción de la narrativa: colocar la responsabilidad de la clausura de los invernaderos en Olga Romero Garci-Crespo.
La ecuación es clara: Gobernación interviene del lado social.
Se activa el conflicto. Se construyen interlocutores y se asigna el costo político.
Un clavo más a la cruz.
A la par vino el caos.
El bloqueo de la carretera federal hacia Veracruz fue resultado de la inutilidad y mala operación en territorio encabezada por el delegado Marco Balseca. Comercio detenido, tránsito colapsado, ciudadanos afectados.
Gobernación, una vez más, sin capacidad de contener lo que ya había escalado.
O peor: actuando tarde en lo visible… y a tiempo en lo político.
El caso Celis termina de cerrar el círculo.
Un conflicto entre particulares —Alfonso contra Miguel Ángel— que escaló a lo público. Fue el propio Miguel Ángel Celis quien impulsó una marcha a su favor que terminó por paralizar la ciudad.
Actividad económica detenida. Movilidad afectada.
Tensión social creciente. Y nuevamente, Gobernación estuvo ausente donde debía estar… y presente donde conviene.
El patrón ya no se puede ignorar.
Un conflicto judicial con versiones de intervención.
Un subsecretario —I.R.— señalado como operador.
Un delegado —Marco Balseca— que no contiene, sino escala.
Un actor regional —Pedro Tepole— que mueve la calle y la narrativa.
Un operador local —el hermano del notario “Jorge Rodríguez”— que presume cercanía y construye puentes.
Y una dirigente estatal —Olga Romero Garci-Crespo— que, entre operación externa y decisiones propias, acumula desgaste.
Nada de esto es casual.
Pero tampoco es unilateral.
Porque si bien hay señales claras de una operación que busca debilitarla, también es evidente que los escenarios que hoy la alcanzan no son ajenos a decisiones políticas que han permitido que esos flancos existan.
En política, nadie carga solo la cruz.
Pero hay quienes se encargan de ponerle más peso.
La pregunta ya no es si hay operación.
La pregunta es quién la coordina… y con qué objetivo final.
Porque cuando una Secretaría de Gobernación decide cuándo ser omisa y cuándo intervenir, cuándo contener y cuándo escalar, deja de ser árbitro.
Se convierte en actor.
Y cuando el árbitro juega, el partido deja de ser justo.
En Puebla, hoy, esa línea ya no se ve clara.
Y cuando eso ocurre, el problema ya no es de un grupo, ni de una dirigente.
Es del sistema completo.
Mario Montero Rosano va firme. Quien ha hecho un estupendo trabajo en estas semanas e incluso ha llamado la atención, es el subsecretario de Bienestar en Puebla capital, Mario Montero Rosano, quien ha demostrado su capacidad para desdoblar el mensaje en el combate a la pobreza, a través de sus entrevistas y videos de redes sociales.
Montero ha demostrado disciplina, pero también su capacidad de organización y, por no decirlo, también resiliencia, luego de que en 2024 se quedó muy cerca de obtener la nominación para un puesto de elección popular.
Ahora que varios de los personajes que están en busca de una candidatura se han ido quedando en el camino, Montero Rosano va muy bien y parece afianzarse en el distrito 17 de Puebla capital, uno de los más complicados en este momento.
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