Por Ricardo Morales
El escándalo mediático desatado tras la publicación de la conversación entre el entonces gobernador de Puebla, Mario Marín Torres y el empresario Kamel Nacif, amigo del pedófilo Jean Succar Kuri, fue un tsunami que destruyó al marinismo, pero que también cavó la tumba del PRI, partido que gobernó durante 70 años a este estado.
El 14 de febrero del 2006 Mario Marín, aún con los efectos de la cruda por la fiesta de Valentín Meneses, se dirigió a la calle 5 Oriente, en donde se ubicaba la sede del Tribunal Superior de Justicia del estado, en donde a las 9 de la mañana rendiría su informe de labores el entonces presidente de este poder, Guillermo Pacheco Pulido.
Una nube de reporteros esperaba ya a la salida al entonces gobernador de Puebla, quien ensoberbecido enfrentó a los medios de comunicación, señalando que él “no hacía caso a chismes” y se dirigió a sus oficinas de casa Aguayo, aún sin alcanzar a dimensionar el tamaño del problema en que se había metido.
Conforme pasaban las horas el escándalo crecía más. Valentín Meneses, su compadre y director de Comunicación Social, convenció al entonces mandatario de que había que dar una conferencia de prensa, la cual hundió más a quien ya desde ese momento se le conoció como “el góber precioso”.
Ante los medios Marín negó que la voz que se escuchaba en la grabación fuera la suya, “es mi voz, pero no es mi voz”, señaló. De la misma forma acuñó otra frase que se volvería célebre: “Me hacen lo que el viento a Juárez”. El mandatario estatal sólo exhibió su soberbia, pero también lo mal asesorado que estaba y que nunca dimensionó el tamaño del problema en el que se metió.
Luego de la conferencia de prensa Marín ya no volvió a aparecer. Valentín Meneses respondió en su lugar a algunas entrevistas radiofónicas con medios de la ciudad de México que se sumaban al “linchamiento mediático” del gobernador de Puebla.
Meneses aceptó una entrevista con el periodista Pepe Cárdenas para su programa de Radio Fórmula de la noche. Cárdenas acorraló al vocero marinista, quien, al verse cercado, atinó solo a querer hacerse el chistoso ante el comunicador acuñando otra de las múltiples frases célebres de este conflicto. José Cárdenas le pregunta a Meneses a qué se refieren cuando hablan de las dos botellas de coñac Marín y Kamel y este solo atinó a contestar: “Seguramente los invadió el espíritu navideño”. Entre más abrían la boca, más se hundían.
Pero el colofón de toda esta serie de desatinos fueron las entrevistas que unos días después, mientras el escándalo se hacía más grande, concedió Marín a los periodistas Carlos Loret de Mola y Joaquín López Dóriga, quienes en ese momento conducían los noticieros estelares de Televisa.
A la fecha, ambas entrevistas, una en el estudio y la otra vía telefónica, son consideradas hitos mediáticos que, en lugar de defenderlo, sepultaron su imagen pública tras el escándalo de la detención de la periodista Lydia Cacho.
El equipo de Marín y específicamente Gabriel González Molina convenció al entonces mandatario de ir a los dos noticieros de mayor audiencia para “limpiar su imagen”, bajo el argumento de que las dos apariciones del gobernador de Puebla ya estaban planchas con el vicepresidente de noticieros Leopoldo Gómez, pero no fue así.
Loret destrozó a Marín, quien para colmo fue colocado en una silla periquera alta, lo que hacía que sus cortas piernas estuvieran suspendidas en el aire haciéndolo ver pequeño ante el comunicador, quien lo hizo trizas. Tras negar que la voz que se escuchaba en las grabaciones fuera la suya, Marín comenzó a enojarse con Loret, quien le dijo: “Pues no le creo” y Marín le respondió: “Pues yo tampoco te creo a ti”.
Jurídicamente, Marín estaba bien asesorado por el brillante abogado y hoy magistrado Ricardo Velázquez, quien siempre le recomendó no reconocer que era su voz, que la llamada no se podía utilizar como prueba por haber sido una conversación telefónica obtenida de forma ilegal y sin autorización de una autoridad judicial, pero el daño a la imagen del entonces mandatario ya estaba totalmente destrozado, su credibilidad estaba por los suelos, mediáticamente Marín ya había sido juzgado y lo peor, encontrado culpable.
La larga noche marinista apenas comenzaba.
(Continuará)
