Tehuacán empieza a definirse

Aspirantes van. Aspirantes vienen. Y Tehuacán, poco a poco, empieza a elegir su camino. Durante meses, la ciudad ha visto desfilar a personajes que quieren volver al poder, a otros que buscan llegar por primera vez y a varios más que aparecen cada proceso electoral con la misma fórmula de siempre: una foto, una reunión, una promesa y la esperanza de que la memoria ciudadana sea corta. Pero Tehuacán ya no está para experimentos. Mucho menos para reciclajes.

Pedro Tepole quiere seguir sonando. Pero la pregunta es inevitable: ¿con qué cara? Después de su paso por el poder municipal, pretender regresar o mantener influencia política suena más a necedad que a proyecto. Hay políticos que no entienden que una ciudad también se cansa de ellos. 

Marco Balseca es otro caso. El eterno aspirante. El Cruz Azul de los candidatos. Siempre cerca, siempre sonando, siempre creyendo que ahora sí, pero siempre quedándose en la orilla. En política, perder una vez puede ser circunstancia. Perder muchas veces empieza a ser identidad.

Araceli Celestino quiere. Eso no se discute. Tiene nombre, tiene presencia y conoce la región, pero otra cosa es que la dejen pasar. En Morena, las candidaturas no solo dependen de querer, dependen de grupos, vetos, acuerdos y bendiciones. Y ahí la pregunta no es si Araceli quiere, sino si quienes reparten el juego están dispuestos a dejarla jugar. 

Ana Lilia Tepole aparece en la conversación, pero más como extensión de su padre que como proyecto propio. Y ese es su problema. Cuando una aspiración nace prestada, crece limitada. Si su principal activo es el apellido Tepole, también carga con todos sus negativos.

Alejandro Barroso tendría que ser, por lógica, una carta natural si pensara en la reelección. Pero su gobierno se ha encargado de cerrar esa puerta casi solo. Su administración no ha logrado construir una narrativa sólida, ni resultados visibles, ni una conexión ciudadana que le permita presentarse con fuerza rumbo a otro periodo. 

La reelección, en su caso, más que aspiración, suena a castigo para Tehuacán. Barroso carga con el peso de un gobierno gris, sin brillo y sin rumbo claro. Llegó con la oportunidad de marcar diferencia después de varios trienios de desgaste, pero hasta ahora su administración no ha logrado convertirse en punto de quiebre. Al contrario, para muchos ciudadanos representa la continuidad de la mediocridad municipal: promesas, fotos, discursos y pocos resultados concretos.

Y luego está Olga Romero. Por Dios. No hay opción. Durante meses intentó instalarse como posibilidad para Tehuacán. Caminó colonias, apareció en reuniones, movió redes y dejó correr la idea de que podía encabezar la candidatura. Pero una cosa es querer ser candidata y otra muy distinta es que la ciudad te quiera como candidata. Olga nunca levantó. Su nombre no conectó. Su historia pesa demasiado. Su ambición desbordada y su pleito legalmente vacío por la herencia de Socorro Romero Sánchez la persiguen en cada conversación política. Su paso por el Congreso no dejó huella positiva en Tehuacán. Su dirigencia estatal de Morena se fue apagando entre escándalos, ausencias, acomodos familiares y una operación partidista que terminó siendo intervenida desde fuera.

Olga llegó a creer que tenía todas las cartas. Hoy parece que ni siquiera conserva la mesa. Existe una similitud entre sus ambiciones económicas y políticas: ambas han estado marcadas por el fracaso continuo. La explicación es sencilla. Mientras debía trabajar en territorio y respetar alianzas, eligió otro camino. De política poco entendió y de lealtades todavía menos. Dejó de atender al partido por intentar obtener una fortuna sin trabajar. Se alejó de la línea del gobernador Alejandro Armenta, basada en caminar con la gente, para replegarse a las órdenes de la viuda de Miguel Barbosa. Pudo más su lealtad al “barbosismo” que al gobierno actual. Nunca entendió realmente dónde estaba parada.

Y en medio de ese escenario apareció un nombre que pocos querían tomar en serio al principio: Alfredo Chávez. El emergente. El que se salió del guion. El que creció mientras otros se desgastaban. Alfredo Chávez tiene algo que varios aspirantes no tienen: números. No sabemos si eso lo convierte automáticamente en la mejor opción, pero sí lo vuelve un actor que ya no puede ser ignorado.

Y lo más irónico es que Olga Romero lo tuvo cerca. Muy cerca. Fue su particular. Fue parte de su equipo. Fue cercano a su familia. Fue amigo, operador, acompañante y guardador de secretos. Y, aun así, lo desperdició. Lo defenestró. Lo empujó fuera del círculo. Y ahora lo tiene enfrente como potencial rival. Así es la política cuando se maneja con soberbia: terminas fabricando tus propios adversarios.

Alfredo supo leer lo que muchos no quisieron ver: que el barco de Olga venía haciendo agua desde hace tiempo. Desde la muerte de Miguel Barbosa, ese grupo quedó sin brújula real. Nunca terminó de definir si buscaba proyecto, herencia, cargo, dinero, influencia o simple sobrevivencia. El barco de Olga no sabe si navega hacia Tehuacán, hacia el partido, hacia los tribunales o hacia la nómina. Por eso se hunde. Y por eso quienes se bajaron a tiempo hoy tienen más margen de maniobra que quienes decidieron quedarse a defender una causa que ya no prende.

Alfredo Chávez puede tener defectos, puede tener pendientes, puede tener resistencias. Nadie está diciendo que sea la solución mágica para Tehuacán. Pero en un tablero lleno de aspirantes reciclados, figuras desgastadas y proyectos sin emoción, su crecimiento llama la atención. No por casualidad, sino porque entendió algo básico: en política, a veces crecer no depende solo de lo que haces, sino de saber de quién te alejas. Y él se alejó de Olga. Eso, hoy, pesa.

Qué ironía. En política, no hay castigo más fino que ver crecer al personaje que tú mismo subestimaste. Y Tehuacán, mientras tanto, sigue mirando. Porque la ciudad ya empezó a definirse. No completamente. No de manera definitiva. Pero sí con una señal clara: los mismos de siempre ya cansaron, Barroso no emociona, Olga no levanta y el espacio para una opción distinta empieza a abrirse. La pregunta es ¿quién tendrá la inteligencia, el oficio y la estructura para ocuparlo antes de que otro reciclado vuelva a venderle a Tehuacán la misma historia de siempre?

riva_leo@hotmail.com

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