Por: Humberto Aguilar Coronado
La estructura de poder dentro de Morena ha sufrido una fractura importante. La caída política del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya es el síntoma más claro de esta nueva realidad.
El grito de «No estás solo», que antes funcionaba como un escudo protector infranqueable para figuras aliadas al poder presidencial, se ha modificado a un lapidario «ya estás solo».
Esta expresión no es aislada, es una señal calculada del nuevo aparato gubernamental distanciándose de la administración anterior. La dirigencia del partido y el gobierno federal calificaron su regreso a Sinaloa como una «decisión personal y no conocida», un abandono público que fue reforzado por el desplegado los gobernadores que antes habían firmado un desplegado de apoyo.
La posterior licencia indefinida de Rocha Moya, forzada por la presión, confirma la tesis del cisma interno que señalara Ricardo Monreal. Las lealtades han cambiado y los antiguos pactos de protección han sido revocados por la nueva cúpula.
Desde la toma de posesión del presidente López Obrador el 1 de diciembre de 2018, la consigna «No estás solo»dejó de ser una mera efervescencia de plaza pública para convertirse en un verdadero grito de ciega protección, como mecanismo simbólico de blindaje popular para proteger la figura presidencial, frente a las opiniones de la oposición y de algunos medios de comunicación.
Sin embargo, conforme avanzó el sexenio, la consigna mutó de un grito de solidaridad ciudadana a algo parecido a un salvoconducto político, emitido desde la cúspide del Ejecutivo.
La lógica del obradorato exigía lealtad ciega a cambio de impunidad e incondicionalidad institucional.
Frente a una grave denuncia penal y una solicitud formal de desafuero en la Cámara de Diputados, en el caso de Cuauhtemoc Blanco, morena y la bancada oficialista lo defendieron institucionalmente, paralizando cualquier intento de juzgamiento, bajo la premisa del blindaje político.
En el tema de Rocha Moya, ante la solicitud de detención y extradición de EE. UU. en el marco de las investigaciones tras la detención de capos del narcotráfico, gobernadores, legisladores y miembros de su partido se unieron para corear el «No estás solo» en el pleno de la Cámara de Diputados, mostrando una defensa corporativa del más alto nivel.
Sin embargo, después de 112 días de haber solicitado licencia al cargo, el intento por reincorporarse comogobernador provocó un giro dramático en la postura del partido y del gobierno federal, es decir, de la presidencia de la República.
La dirigencia de morena lo calificó como una «decisión personal», desvinculando categóricamente a la dirigencia nacional de las acciones del mandatario estatal.
La Secretaría de Gobernación, en nombre de la presidencia y del gobierno federal, emitió una declaración similar, subrayando que la decisión fue «personal y no conocida», marcando una distancia oficial que parece definitiva.
Ricardo Monreal, quien antes coordinaba los aplausos y respaldos, le solicitó públicamente «reconsiderar» su regreso a la gubernatura, dando una señal inequívoca de que la protección había expirado.
La carta de apoyo de los gobernadores, firmada meses atrás, fue reemplazada por un silencio sepulcral y una nueva carta, retirando su respaldo.
La secuencia de eventos no es una casualidad, sino la manifestación de una realineación de poder. El «caso Rocha Moya» se convierte en el ejemplo emblemático de este momento, haciendo evidente el término de los compromisos del pasado, para iniciar con las prioridades del nuevo gobierno.
La licencia indefinida de Rocha Moya, anunciada por Ignacio Mier, bajo el eufemismo de «honrar su trayectoria», es el resultado de una presión insostenibleevidenciando que su capital político se había agotado y que su permanencia resultaba muy dañina e insostenible en estos momentos.
Ahora no le van a gritar ¡No estás solo!, pero sabemos que en la mente y en el pecho de los militantes de morena, legisladores, presidentes municipales y gobernadores, ahogan la expresión: ¡Ya estás solo!
*Es Politólogo
