Por Angélica Juárez Román
Cuando se habla de la guerra en Siria, las referencias que suelen dominar el debate público son las de ciudades destruidas, bombardeos y desplazamientos masivos. Sin embargo, también existe una dimensión que ha sido invisibilizada pero es igualmente devastadora: la utilización del hambre y de la destrucción de los sistemas alimentarios como mecanismos de control sobre la población; en un contexto en donde millones de personas dependen de ayuda humanitaria para sobrevivir, la privación del acceso a los alimentos ha dejado de ser una consecuencia indirecta del conflicto para convertirse en una herramienta que profundiza, prolonga y acelera la desintegración de comunidades enteras (Naciones Unidas, 2024). Este artículo sostiene que el uso estratégico de los alimentos durante la guerra en Siria ha trascendido la dimensión militar para convertirse en una amenaza directa contra la memoria histórica, la identidad cultural y la continuidad de las formas de vida que durante siglos definieron a la sociedad siria.
Esta realidad resulta especialmente grave en Siria, un territorio cuya historia ha estado profundamente vinculada a la agricultura desde tiempos antiguos, en el que durante generaciones, la producción de trigo, aceitunas, legumbres y frutas no solo garantiza la subsistencia económica de amplios sectores de la población, sino también permitió la transmisión de conocimientos, tradiciones y formas de vida (Gil Fuensanta et al., 2012) que hoy en día constituyen parte fundamental del patrimonio cultural sirio. Cuando las tierras agrícolas son destruidas, ocupadas o abandonadas por el desplazamiento forzado, no solo desaparecen medios de producción, también erosionan los vínculos que conectan a las personas con su historia y con su identidad colectiva.
El control de la tierra y de los recursos alimentarios representa una disputa tanto por espacios estratégicos como por la memoria, la permanencia cultural y el derecho de una sociedad a preservar todo aquello que lo define. A partir de esto, cada receta preservada, cada semilla tradicional conservada y cada platillo preparado por comunidades desplazadas representa una forma cotidiana de resistencia frente a los procesos que buscan fragmentar o borrar la identidad de un pueblo.
Ubicada en el Creciente Fértil, una de las regiones en las que surgieron las primeras prácticas agrícolas de la historia, Siria construyó durante siglos una estrecha relación entre la producción de alimentos y la identidad de sus comunidades, por ello, la agricultura también representó una forma de organización social basada en conocimientos transmitidos de generación en generación. Sin embargo, esta relación comenzó a deteriorarse por una combinación de factores políticos, ambientales y militares. La ocupación israelí de los Altos del Golán desde 1967 privó a Siria de importantes recursos hídricos y tierras fértiles (SJAC, 2025), mientras que las severas sequías registradas entre 2006 y 2010 debilitaron considerablemente la producción agrícola nacional. La gravedad de este fenómeno fue especialmente significativa debido a que la agricultura representaba cerca del 30% del PIB sirio y proporcionaba empleo a una proporción similar de la población (Gil Fuensanta et al.,
2012). De acuerdo con datos de Our World in Data, el estallido de la guerra civil en 2011 provocó la muerte de más de 400,000 personas y actualmente, más de siete millones de personas permanecen desplazadas internamente y una cifra similar ha buscado refugio en otros Estados (Our World in Data, 2026). Más allá de las cifras, estos movimientos poblacionales han contribuido a la fragmentación de comunidades, la interrupción de prácticas agrícolas tradicionales y la pérdida de espacios donde se transmitían conocimientos vinculados a la producción y preparación de alimentos, teniendo como resultado una crisis alimentaria que terminó afectando las bases culturales que históricamente habían vinculado a la sociedad con su territorio y sus formas tradicionales de vida.
Esta dinámica fue especialmente visible en la disputa por el trigo, considerado uno de los pilares fundamentales para la alimentación siria. Durante el conflicto, las zonas productoras, los espacios de almacenamiento y las rutas de distribución se convirtieron en objetos estratégicos para el gobierno, grupos opositores y organizaciones armadas como ISIS. Es así como un alimento básico para millones de personas dejó de ser únicamente un recurso agrícola para transformarse en un instrumento de control político y militar (Beals & Beals, 2024).
Frente a los múltiples desafíos que enfrenta la comunidad siria, su gastronomía no se limita a un conjunto de recetas tradicionales. Platillos como el kibbeh, el tabbouleh, el makdoum o el humus son el resultado de siglos de intercambio cultural y prácticas agrícolas que contribuyeron a la construcción de la sociedad. Fruto de esta relación histórica entre territorio y alimentación, la gastronomía siria también se caracteriza por el uso de ingredientes y mezclas de especias que han acompañado a las comunidades locales durante siglos; elementos como el za’tar, el sumac, el baharat o el pimiento de Alepo no solo aportan sabor a los platillos tradicionales, sino que reflejan intercambios comerciales y conocimientos culinarios desarrollados a lo largo de generaciones. La permanencia de estos ingredientes dentro y fuera de Siria demuestra que la cultura alimentaria no depende exclusivamente de un territorio físico, sino también de la capacidad de las comunidades para reproducir y transmitir sabores asociados a su vida cotidiana.
Los ingredientes, técnicas de preparación y las formas de compartir los alimentos reflejan siglos de adaptación al territorio, intercambios culturales diversos y organización social; a partir de esta narrativa, cuando la guerra fragmenta las comunidades y modifica radicalmente el espacio donde estas prácticas se desarrollaban, la cocina adquiere una función que va más allá de la alimentación: se convierte en un mecanismo para mantener la continuidad de una experiencia colectiva amenazada por el conflicto.
Aunado a lo anterior, diversos estudios sobre personas refugiadas sirias han mostrado que la preparación de alimentos tradicionales permite reconstruir, aunque sea de manera temporal, espacios sociales que desaparecieron a causa de la guerra (Escudero, 2015; FAPESP, s.f.), haciendo evidente que no se trata únicamente de recordar un lugar perdido, sino de reproducir formas de convivencia que le otorgan sentido a la vida cotidiana previa al conflicto. Cocinar deja de ser una actividad doméstica para convertirse en una práctica
mediante la cual las personas afirman que su historia no comienza con el exilio ni termina con la pérdida del territorio. Siguiendo esta lógica, de igual forma se refleja la conservación de semillas tradicionales, pues según la periodista Rula Asad y la activista Ansar Jasim, la preservación de las mismas implica proteger conocimientos generacionales sobre el cultivo, el clima y el uso de la tierra; más que un recurso productivo, las semillas representan una continuidad histórica que desafía la idea de que la guerra puede redefinir por completo el futuro de una sociedad.
Desde esta perspectiva, la relevancia de la comida siria no radica únicamente en la preservación de costumbres tradicionales, sino también en el hecho de que permite mantener activos mecanismos de transmisión cultural que conectan generaciones separadas por la guerra, el exilio y la fragmentación del territorio. En un contexto en donde las condiciones materiales que han sostenido durante siglos la vida comunitaria han sido profundamente alteradas, la comida continúa funcionando como uno de los pocos espacios capaces de producir conocimiento, prácticas y formas de pertenencia que el conflicto no ha logrado sustituir.
La guerra también revela los límites del poder. Aunque ciudades enteras hayan sido destruidas, comunidades dispersas y tierras históricamente cultivadas puestas bajo nuevas formas de control, existen elementos que continúan escapando de esa lógica de dominación y la gastronomía siria es uno de ellos, pues conserva algo que ninguna ocupación territorial puede apropiarse completamente: la capacidad de transmitir experiencias, conocimientos y formas de entender el mundo entre generaciones. Cada receta preservada y cada semilla resguardada representan una afirmación de continuidad frente a un contexto marcado por la violencia y la ruptura.
Más allá del sentimiento de nostalgia por el pasado, estas prácticas constituyen una forma activa de proyectar una historia hacia el futuro, incluso cuando las condiciones que le dieron origen han sido profundamente alteradas. La verdadera resistencia no siempre adopta una forma de confrontación visible; en ocasiones, se manifiesta en la decisión de conservar aquello que permite a una sociedad seguir narrándose a sí misma, y quizá, por ello mismo es que en el caso sirio, la defensa de la comida tradicional representa la negativa de un pueblo a permitir que la guerra determine qué merece ser recordado y qué está destinado al olvido, porque mientras una sociedad conserve la capacidad de transmitir sus conocimientos, prácticas y formas de vida, también conservará la capacidad de reclamar su propia historia.
REFERENCIAS APA
Asad, R., & Jasim, A. (2026, 27 febrero). Syria’s Seeds and the Politics of Care: A Materialist Feminist Perspective. Arab Reform Initiative.
https://www-arab–reform-net.translate.goog/publication/syrias-seeds-and-the-politics-of-care -a-materialist-feminist-perspective/?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc Beals, E., & Beals, E. (2024, 1 agosto). Sobre cómo el trigo se ha convertido en un arma de guerra en Siria. VICE.
https://www.vice.com/es/article/trigo-siria-hambre-regimen-oposicion-isis/ Conflicto armado destruye sector agrícola siri. (2013, 23 enero). Sinembargo. https://www.sinembargo.mx/501721/conflicto-armado-destruye-sector-agricola-sirio/ Donnison, J. (2024, 9 diciembre). Siria | Israel toma una zona desmilitarizada desde 1974 en los Altos del Golán tras la caída del gobierno de Al Assad. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/articles/c3e31pvpwjzo
Escudero, M., Escudero, M., & Escudero, M. (2015, 12 noviembre). La cocina de los refugiados sirios. El País.
https://elpais.com/gastronomia/el-comidista/2015/11/10/articulo/1447138259_890957.html Fapesp. (s. f.). La comida siria transporta el imaginario de los refugiados hacia un lugar que ya no existe. AGÊNCIA FAPESP.
https://agencia.fapesp.br/la-comida-siria-transporta-el-imaginario-de-los-refugiados-hacia-un lugar-que-ya-no-existe/28973
F.Kamel. (s. f.). The Secrets Behind Syrian Spices: History, Health Benefits, and Traditional Recipes – توهومي.
https://tohomy-com.translate.goog/the-secrets-behind-syrian-spices-history-health-benefits-an d-traditional-recipes/?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc
Gil Fuensanta, J., James, A. J., & Lorca, A. (2012, 8 de agosto). Siria: De la guerra civil a la guerra social(Documento de Opinión No. 59/2012). Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE). Israel convierte los alimentos en arma contra Gaza, continuando un genocidio iniciado hace años, denuncian expertos. (2024, 10 mayo). Noticias ONU. https://news.un.org/es/story/2024/01/1527112
Ritchie, H. (2026, 6 abril). Population and Demography. Our World In Data. https://ourworldindata-org.translate.goog/profile/population-demography/syria?_x_tr_sl=en& _x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc
Syrian Cuisine – «Food Safari» | Watch Foodie Network. (s. f.).
https://watchfoodienetwork.yolasite.com/food-safari-syrian.php
Sjac. (2025, 11 agosto). Israel’s Creeping Annexation of the Golan Heights. Syria Justice & Accountability Centre.
https://syriaaccountability-org.translate.goog/israels-creeping-annexation-of-the-golan-height s/?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc