Por Manuel CARMONA
Cada proceso electoral produce una generación de expertos instantáneos. Basta una encuesta publicada para que aparezcan intérpretes convencidos de haber descifrado el futuro. Confunden una fotografía con una película y un porcentaje con una decisión política.
Eso podría estar ocurriendo en la definición de la candidatura de Morena a la presidencia municipal de Tehuacán.
Quienes descartan la posibilidad de que la diputada federal Rosario Orozco Caballero encabece el proyecto oficialista suelen apoyarse en un argumento aparentemente contundente: las encuestas. Pero la política profesional rara vez funciona como un ejercicio de estadística.
Las candidaturas no nacen únicamente de los números. Se construyen con circunstancias, equilibrios internos, negociaciones, liderazgo, viabilidad electoral y, sobre todo, acuerdos.
La Real Politik tiene reglas que difícilmente aparecen en los estudios demoscópicos.
Una encuesta mide conocimiento o intención de voto en un momento determinado. No mide la capacidad de un actor para generar consensos, mantener cohesionado a un grupo político o representar una decisión estratégica para quienes terminan tomando las decisiones.
Por eso muchos «analistas» se equivocan elección tras elección. Pasan más tiempo revisando gráficas que entendiendo cómo se mueve realmente el poder.
La política tiene tiempos. Hay un momento para recorrer colonias, llenar plazas y conquistar simpatías. Pero antes existe otro, mucho menos visible y mucho más determinante: el de construir acuerdos.
Ahí es donde suelen definirse las candidaturas.
En Morena, como en cualquier partido que gobierna, las decisiones responden a una combinación de factores políticos, territoriales e institucionales. Reducir todo ese proceso a una tabla de porcentajes es desconocer cómo funciona el ejercicio del poder.
Más que preguntar quién aparece dos o tres puntos arriba en una encuesta, quizá convendría observar quién mantiene interlocución con los actores que inciden en las definiciones nacionales, quién genera menos resistencias internas y quién reúne las condiciones para convertirse en un punto de equilibrio.
Porque las candidaturas no siempre recaen en quien más reflectores tiene.
Con frecuencia terminan en manos de quien mejor encaja en la estrategia del momento.
Y si la historia reciente ha enseñado algo, es que antes de mirar las encuestas conviene mirar hacia Palacio Nacional, que es el lugar donde realmente se toman las decisiones.
La política, al final, no siempre premia al más popular.
Casi siempre premia al que mejor está en el ánimo, de quien preside la mesa, donde se reparten las cartas.
