
No lo cuente en voz alta, pero en la Ciudad de México, específicamente en la oficina de la nueva presidenta nacional del “partidazo” Ariadna Montiel Reyes ya hay molestia por lo que ocurre con el Comité Estatal de Puebla.
En medio de los escándalos de personajes vinculados con el crimen organizado, “incongruencia” es una palabra que Morena parece haber adoptado como principio doctrinario no escrito aquí en la entidad. Porque mientras el movimiento se llena la boca hablando de austeridad, ética, combate al nepotismo y respeto a la ley, la realidad termina exhibiendo exactamente lo contrario en prácticamente todos los rincones del país.
Las quejas en México giran precisamente en torno a esa incongruencia que parece tener nombre y apellido, la dirigente Olga Romero García-Crespo o Mónica Caballero, dependiendo de cómo se quiera presentar políticamente esa semana o qué interés tenga en mente si ganar una campaña política o despojar a su supuesta familia.
La dirigente estatal de Morena sale constantemente en público con un comité que muchas veces parece existir únicamente para la fotografía oficial y para repetir “sin cuestionar” el discurso que algún asesor les imprime horas antes. Conferencias, posicionamientos y declaraciones para defender lo indefendible. Pero esta vez vale la pena hacer preguntas directas. Especialmente después de que hace apenas unos días la nueva dirigente nacional hizo un llamado público a evitar frivolidades, respetar estatutos y actuar con congruencia.
Porque entonces surge la duda inevitable, ¿Con qué cara sale Olga Romero a pedir “piso parejo”? ¿Con qué autoridad moral exige a los aspirantes esperar los tiempos del partido y evitar promoción personalizada, cuando en Tehuacán han comenzado a aparecer bardas con su nombre y silueta, periódicos impulsando su imagen y una agenda intensiva de recorridos, colonias y eventos enfocada únicamente en posicionar a una persona?
El trabajo parece ya haberse focalizado en Tehuacán y no en todo el estado, como correspondería a una dirigente estatal. Solamente en el municipio que aspira a gobernar, lo cual, en cualquier análisis político, se interpreta como una campaña anticipada encubierta bajo el pretexto de actividad partidista.
En la CDMX ya tomaron nota de una serie de inconsistencias que persisten. ¿Cómo es posible solicitar moderación, austeridad y prudencia a figuras como Juan Rivera Trejo frente a los excesos, cuando su gente cercana presume en redes sociales una imagen pública de influencer aspiracional, exhibiendo lujos, viajes y estilos de vida inalcanzables para la vasta mayoría de la población?
Y está bien que puedan vivir así. El problema no es el dinero. El problema es el discurso, porque Morena construyó toda una narrativa política atacando justamente eso: la frivolidad, los privilegios y la desconexión con la realidad social. Entonces la pregunta vuelve a aparecer: ¿dónde quedó la congruencia? ¿Cómo hablar de nepotismo cuando ese mismo personaje cercano es regidor y otro familiar intentó ser candidato a diputado y su propia prima ya fue síndico de Tehuacán?
Aparentemente, el árbol genealógico se ha convertido en un criterio de selección política. A pesar de esto, desde Morena Puebla continúan impartiendo lecciones de moral pública. No obstante, la cuestión más delicada podría ser otra. ¿Cómo abordar la lucha contra el abuso de poder, el influyentismo, la corrupción y el tráfico de influencias cuando el uso de instituciones públicas en una disputa hereditaria ha trascendido a nivel nacional? Especialmente cuando el caso involucra a una mujer de edad avanzada y a un notario en un asunto que, según diversos expedientes, ya había sido archivado en múltiples ocasiones.
Es en este punto donde el discurso se desmorona por completo. Una cosa es cometer errores políticos; otra muy distinta es transformar los asuntos personales en operaciones institucionales.
De todo esto ya tomaron nota en la Ciudad de México y en la oficina de Ariadna Montiel específicamente.
Los 10 años del Recuerdo. Este día, “El Recuerdo”, el jardín de fiestas más emblemático de la ciudad, cumple 10 años de vida de la mano de su dueño, el exitoso empresario Elías Hanan, quien ha convertido en este lugar en el referente de la vida política y social de la entidad.
Cómo olvidar las comidas de fin de año con el gobernador Alejandro Armendáriz, después de obtener el triunfo en 2024.
Cómo no tener en mente las fiestas de medios de comunicación emblemáticos como Tribuna Radiofónica.
Y es que, “El Recuerdo” se convirtió ya en el punto de referencia de la clase política poblana, pero también de su sociedad.
Enhorabuena, querido amigo Elías Hanan, y que vengan muchos años más por delante, con el éxito que caracteriza a todos los proyectos que emprendes.
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