
Un personaje que debe servir de ejemplo para el resto de la clase política local es el actual edil capitalino, Pepe Chedraui, quien ha demostrado que la paciencia es su mejor virtud, algo notable para un político de estos tiempos.
A pesar de todos los pesares, Pepe Chedraui luce impasible, cedió al tema de trasladar parte del cobro del impuesto predial de la capital al gobierno del Estado, va a lo que lo invitan y no va a lo que es convidado, todo sin hacer un solo reclamo.
La actitud de Pepe Chedraui se asemeja mucho a la que asumió en su momento, el fallecido Rafael Cañedo Benítez, cuando estuvo al frente de los destinos de Puebla capital (1993-1996) y tenía como gobernador a Manuel Bartlett Díaz, quien lo desdeñaba e incluso le impuso al síndico municipal de ese entonces, Ricardo Menéndez Haces, y al contralor José Antonio Fernández Brito, gente de Jorge Estefan para atarlo de pies y manos, pero Cañedo, tal y como ocurre actualmente con Chedraui Budib, nunca perdió la paciencia.
A diferencia de personajes como Enrique Doger, que entró en franca confrontación con Mario Marín siendo edil capitalino, o Claudia Rivera, que se confrontó también con Miguel Barbosa, Pepe Chedraui ha elegido sabiamente la paciencia, la cautela y el colaboracionismo.
Esta estrategia le ha abonado en sus números, ya que muchos actualmente ya lo ven hasta como una “víctima” y le ha permitido mejorar en las encuestas, disminuyendo sus negativos.
De hecho, aunque su aprobación sigue siendo baja de acuerdo a los más recientes estudios de opinión, sus negativos ya no han aumentado, merced a la estrategia que puso en marcha de aparecer poco y sobre todo no confrontarse con el gobernador, quien ha tomado el control en muchas decisiones de la capital, esto le ha abonado en positivo al edil.
Pepe Chedraui sabe que, a diferencia del resto de los aspirantes de Morena a la candidatura a la presidencia municipal, él tiene, por un lado, el conocimiento a su favor y por otro, el derecho de la reelección al frente de la cuarta ciudad más importante del país, por lo que solo el tema de género se puede cruzar en su camino y este tampoco es un asunto menor.
Las encuestas en Morena, si bien es cierto, son un instrumento confiable, tampoco son definitivas y lo que prevalece son las negociaciones políticas entre los diferentes grupos que conforman esta auténtica Torre de Babel.
Pruebas de lo que digo hay muchas: En Puebla en 2018, el entonces candidato a la presidencia de la República Andrés Manuel López Obrador impuso como candidato a Miguel Barbosa, quien según ganó la encuesta, aunque todos sabemos que la había perdido frente a Alejandro Armenta, quien tuvo que aceptar encabezar la fórmula de Morena al Senado de la República e incluso ante Enrique Cárdenas Sánchez, el exrector de la UDLAP.
El propio ahora gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, confesó cínicamente que en 2021 él había perdido la encuesta, pero su amigo López Obrador lo impuso como candidato.
En 2024 Omar García Harfuch, entonces secretario de Seguridad Pública de la CDMX, ganó la encuesta 2-1 a Clara Brugada, pero otra vez los caprichos de López prevalecieron y obligaron a la candidata a la presidencia de la República Claudia Sheinbaum a bajar a su candidato y darle, al igual que ocurrió con Armenta en el 2018, una candidatura al Senado por la vía plurinominal para que dejara el espacio a favor de una mujer.
Por eso digo que Pepe Chedarui es un ejemplo de paciencia, sabe que por números nadie le gana, pero la candidatura a la presidencia no se define a través de esto, sino también de acuerdos sobre la mesa.
Los escándalos pueden dañar a Morena. A la oposición lo único que le queda por delante rumbo al 2027 es que los escándalos en los que se han visto involucrados personajes de la 4T en todo el país y también en la entidad, repercutan de manera negativa electoralmente hablando en contra de Morena.
Solo este tema y la presión que ejerce el gobierno de los Estados Unidos pueden hacer que cambie el panorama electoral del 2027, el cual pintaba muy favorable a Morena hasta mediados del mes de abril.
Puebla no está exenta de escándalos, sobre todo a nivel de presidentes municipales, de la frivolidad y amor al lujo que tienen muchos de los integrantes de la cuarta transformación.
Sin embargo, hasta las últimas mediciones a las que he tenido acceso, increíblemente el oficialismo aventaja hasta 3 a 1 en Puebla capital a su más cercano, el Partido Acción Nacional.
A mi parecer, esta es una verdadera desgracia para Puebla y para el país, porque explica muy bien en una buena parte, porque esta nueva clase política se ha vuelto cínica y ratera a más no poder, porque saben que el pueblo bueno y tonto sigue y seguirá votando por ellos.
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