
En los antiguos libros de texto de las escuelas oficiales venía una fábula la cual se le atribuye a Esopo, aunque también autores más recientes como La Fontaine la relataron en sus escritos.
Cuentan que existía una colonia de ratas en cierta casa que vivían en constante peligro por los ataques del gato de los dueños del hogar. La sagacidad y sigilo del gato causaban constantes bajas en la colonia de ratas, las cuales preocupadas por la situación convocaron a una junta urgente para discutir el tema.
Todas acudieron al encuentro y comenzaron una lluvia de ideas para poder ver qué hacían con el sigiloso y astuto vigilante. Tras largos debates, de repente una joven rata presentó lo que parecía ser la más brillante de las ideas.
La joven rata propuso que para evitar lo sigiloso que era el gato, se le colocara un cascabel en el cuello, para que el sonido del artefacto los alertara a tiempo de su presencia. La idea parecía fabulosa, todos aplaudieron el ingenio del roedor y lo comenzaron a levantar lanzando hurras por tan ingeniosa idea, todos menos un personaje viejo que solo escuchaba en un rincón.
Tras la algarabía inicial, la vieja rata que no había participado en los festejos levantó la mano e hizo uso de la palabra: “Felicito al ingenioso joven que nos da una muy brillante idea, sin embargo, hay un problema, uno solo. ¿Quién le va a poner el cascabel al gato? El silencio invadió a la colonia de ratas y todos callaron.
La anterior fábula viene a colación porque eso pasa hoy con la oposición en México y en Puebla.
Hay condiciones para que la oposición pueda derrotar a Morena en el 2027, a pesar de que el “oficialismo” tiene el control de todo el aparato (INE y TEPJF)
En Puebla, como ayer lo expliqué en mi entrega, la división interna generada por la lucha por las candidaturas que van a estar en juego, sumado al hartazgo social por la conducta de muchos actores políticos, más el desgaste de la marca (caída de 7 puntos), son variables que bien pudiera aprovechar la oposición para tratar de cerrar la elección del próximo año.
En las encuestas también, el partido que registra ya el segundo más alto rechazo es Morena, el primero es el PRI, sin embargo, el problema es: ¿Quién le va a poner el cascabel al gato?
Hasta el momento no se ve un candidato por parte de la oposición que pueda aprovechar esta situación.
Salvo Tony Gali o posiblemente Enrique Doger si es que se anima, no hay dentro de los cuadros de la oposición, un personaje con la fuerza suficiente para convertirse en un adversario de respeto para los candidatos o candidatas de Morena.
Es muy cierto que en otras ocasiones, Acción Nacional ganó, sobre todo en 1995, con un para entonces perfecto desconocido como era el empresario Gabriel Hinojosa Rivero, derrotando nada más, ni nada menos que Manuel Bartlett, quien despachaba en Casa Puebla, el autor de los fraudes patrióticos de 1983 en Puebla, de 1985 en Chihuahua y de 1988 para imponer a Carlos Salinas de Gortari.
En esa ocasión la gente salió a votar y castigar al PRI, por el enojo de la crisis de inicios de ese año, el incremento del IVA del 10 al 15 por ciento (roqueseñal), y un gasolinazo una semana antes de la elección.
Hoy las condiciones no son las mismas, pese a que sí existe un enfado social, pero no hay del lado de la oposición quien lo capitalice.
Esto sumado a que en las elecciones intermedias, la gente sale a votar menos, en promedio solo participa el 44 por ciento de los ciudadanos que están dentro del padrón electoral, la situación reitero no es nada favorable para la oposición, que no tiene una figura “carismática”, que pueda jalar el voto de los inconformes y que aliente a “castigar” al partido gobernante.
Todo parece indicar que la elección que se avecina será de estructuras y es en donde Morena lleva una amplia ventaja, sobre todo si el gobernador logra imponer a su ficha, en la persona de la exsecretaria del deporte y la juventud, Gaby “la Bonita” Sánchez.
La otra variable que le pudiera dar vida a la oposición es que el actual edil capitalino Pepe Chedraui se imponga en la interna de Morena y entonces el gobernador Armenta no meta las manos en el proceso. En ese escenario es también posible que la oposición pudiera tener una oportunidad, pero insisto, con una carta al menos decente para la alcaldía de Puebla.
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