Nicolás Aguilar, el rostro de la pederastia

Ricardo Morales

Si un sacerdote merece arder en el infierno, ese es sin duda Carlos Nicolás Aguilar Rivera, quien fue ordenado sacerdote en el año de 1970 y a lo largo de su carrera delictiva acumuló denuncias por abuso sexual a menores tanto en México como en los Estados Unidos.

Aguilar es considerado por sus víctimas como la encarnación de Satanás en la tierra, ya que se le acusa de haber abusado de entre 60 y hasta 90 niños, aunque se habla de que pudieron haber sido hasta 120 los menores atacados por este engendro.

Depredador sexual

Las primeras acusaciones sobre este personaje se comenzaron a dar a finales de los años 60 cuando Aguilar aún era seminarista, antes de su ordenación sacerdotal, la cual ocurrió el 12 de julio de 1970 en la diócesis de Tehuacán, misma que jugó un rol muy importante encubriendo sus crímenes.

Desde ese tiempo ya existían señalamientos en su contra por abusar o tratar de abusar de compañeros en el seminario. Un denunciante fue expulsado tras denunciarlo.

Uno de los casos plenamente documentados sobre abuso sexual a menores por parte de Nicolás Aguilar, fue denunciado por su propio sobrino de nombre Agustín RN, quien declaró haber sido abusado sexualmente por este monstruo desde los 4 y hasta los 13 años. “La familia del menor era pobre, por lo que Aguilar se ofreció a cuidarlo y los abusos (toques, sexo oral, masturbación mutua) ocurrieron en su casa del entonces sacerdote.

Una vez ordenado sacerdote y asignado como párroco desde 1976 en la parroquia de San Sebastián Cuacnopalan, los abusos continuaron de manera sistemática contra “monaguillos” y niños en catequesis. Su actuar era un secreto a voces en la zona de Tehuacán y sus alrededores a inicios de los 80.

Los primeros indicios sobre el actuar de este “demonio” salieron a la luz a inicios de 1987, cuando Aguilar fue encontrado gravemente herido (con golpes en la cabeza y en medio de un charco de sangre) en la rectoría de Cuacnopalan. La policía sospechó de jóvenes visitantes varones quienes se dice habrían protagonizado una orgía o tras una confrontación por intento de abuso por parte del sacerdote; sin embargo, el propio cura pidió que no se investigara.

La mano “divina” de Norberto Rivera

El entonces obispo de la diócesis de Tehuacán, Norberto Rivera Carrera, fue clave para que Nicolás Aguilar pudiera proseguir con su carrera de depredador sexual de menores, ya que luego del incidente ocurrido en Cuacnopalan, el influyente prelado lo envió a Los Ángeles, California, en los Estados Unidos.

El terror de los niños en Los Ángeles

En este lugar, en las parroquias de nuestra señora de Guadalupe y de San Agatha, en tan solo 9 meses Aguilar abusó al menos de 26 niños, según investigaciones policiales. El cura pederasta huyó del vecino país del norte e increíblemente recibió refugio otra vez en parroquias de Puebla y falta más en la diócesis de Tehuacán, bajo el manto protector de su amigo, Norberto Rivera, quien lo asignó a la parroquia de San Vicente Ferrer, aunque más tarde se movió por varias ciudades, incluida la Ciudad de México. En este lapso se estima abusó sexualmente de entre 60 y hasta 90 menores de edad, aunque algunos dicen que pudieron haber sido más de 120 las víctimas.

A partir del año de 1997 comenzaron a aparecer las denuncias en contra de este cura, de tal forma que en 2003 fue condenado a prisión por un caso de un menor, pero no cumplió condena por prescripción y apelaciones, así como también por las influencias de su siempre protector Norberto Rivera, quien en todo momento apoyó al cura pederasta.

En 2009 finalmente y ante las múltiples evidencias en su contra, Nicolás Aguilar fue expulsado de la Iglesia Católica por el Vaticano (laicizado), esto pese a que en última instancia siguió siendo defendido por el entonces ya cardenal primado de México, Norberto Rivera Carrera, quien siguió alegando la inocencia de su amigo, así como también del cardenal Roger Mahony.

Cabe señalar que el Vaticano le quitó a Aguilar sus facultades sacerdotales, pero no por pederasta, sino por el “escándalo que provocó en el ámbito internacional lo que dañó la imagen de la iglesia católica”.

Cínicamente Norberto Rivera llama “enfermedad” a lo que hacía su protegido, el padre Nicolás Aguilar, quien fue señalado en múltiples ocasiones por sus víctimas.

Desaparición y supuesta muerte

Aun después de ser laicizado, se dice que Nicolás Aguilar siguió oficiando en diferentes iglesias de Puebla y Morelos.

Se dice que Nicolás se escondió en un pequeño monasterio en la comunidad de Popotlán, en los límites entre Puebla y Morelos. En este sitio, los pobladores hablaban de un viejo que salía solo por las mañanas a vender artículos religiosos y por la tarde-noche se mantenía encerrado (escondido) y ganaba algunas monedas.

Algunos cuentan que incluso cuando un juez de Los Ángeles ordenó la captura de Nicolás Aguilar, este fue enviado por la iglesia católica a un monasterio en el Líbano, para mantenerlo libre de la mano de la justicia.

Supuestamente el voraz depredador de niños, habría muerto por el año 2020, según reportes de la arquidiócesis de México y de la Red de Sobrevivientes de Abusos (SNAP), sin embargo no existe ninguna información pública sobre su fallecimiento, este ser despreciable, este monstruo quedó impune gracias a la protección de los poderosos jerarcas eclesiásticos de México y Estados Unidos.

El daño que ocasionó este maldito a sus víctimas, difícilmente será olvidado.

riva_leo@hotmail.com

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