Gobernar desde el escaparate

Por Manuel CARMONA

Hay que reconocerle a José Chedraui algo que no todos los alcaldes pueden presumir: consiguió sentar a Carlos Slim en el Palacio Municipal para anunciar una inversión cercana a los 4 mil millones de pesos en el Centro Histórico de Puebla.

No es poca cosa. Grupo Carso plantea intervenir la zona de San Francisco con vivienda y comercio, en un proyecto que pretende reactivar un espacio urbano que lleva años esperando una segunda oportunidad. El propio Slim reconoció públicamente la promoción y el “empuje” del alcalde para impulsar el proyecto.

Hasta ahí, aplausos.

El problema aparece cuando se confunde el escaparate con el gobierno.

Porque traer inversión privada es una buena gestión política y económica, pero no sustituye las responsabilidades que la Constitución asigna al municipio. El artículo 115 es bastante menos glamoroso que una fotografía con Carlos Slim: habla de agua potable, drenaje, alumbrado, limpia, mercados, calles, parques, jardines, seguridad pública y tránsito.

Es decir, la Constitución no le pide al alcalde conseguir que un multimillonario venga a Puebla —aunque, desde luego, tampoco se lo prohíbe—. Le exige algo bastante más difícil: que la ciudad funcione.

Y ahí comienza la comparación incómoda.

Es relativamente sencillo organizar una presentación con empresarios, cámaras, invitados y reflectores cuando detrás hay una inversión privada de miles de millones. Lo verdaderamente complicado es conseguir que el ciudadano que sale de su casa encuentre una calle transitable, alumbrado funcionando, espacios públicos dignos, recolección eficiente y condiciones de seguridad razonables.

La paradoja es deliciosa: mientras el alcalde presume una inversión de 4 mil millones de pesos que no salen del erario municipal, el ciudadano sigue esperando que su Ayuntamiento resuelva aquello que sí paga con sus impuestos.

Para ser justos, la administración de Chedraui puede mostrar acciones en servicios públicos, particularmente en modernización del alumbrado mediante el programa Puebla Brilla. El propio Ayuntamiento reportó miles de luminarias intervenidas durante 2026.

Pero una administración municipal no se evalúa por el tamaño de sus anuncios, sino por la calidad de la vida cotidiana.

Slim puede revitalizar San Francisco. Excelente.

Chedraui puede presumir que abrió la puerta. También.

Pero sería conveniente recordar que un alcalde no fue electo para ser agente inmobiliario de lujo, promotor de inversiones o anfitrión de empresarios —aunque pueda desempeñar esas funciones—. Fue electo para gobernar una ciudad.

Y gobernar una ciudad tiene una peculiaridad poco fotogénica: se nota más cuando las cosas funcionan que cuando se anuncian.

Quizá ahí esté el verdadero reto de Chedraui: que dentro de unos meses los poblanos hablen menos de la visita de Slim y más de que su ciudad funciona mejor.

Porque Carlos Slim puede poner los miles de millones.

Pero los baches, la basura, el alumbrado, los parques y la seguridad siguen teniendo un dueño constitucional mucho más cercano.

Y ese no vive en la Torre Carso.

Vive en el Palacio Municipal….

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