El sismo Gali

Tony Gali

Tony Gali dice que no será candidato.

Eso es lo de menos.

En política, quienes aseguran que no van suelen ser los primeros en acomodar las piezas, repartir lugares y decidir quién sí puede llegar.

La incorporación del exgobernador como delegado nacional de Movimiento Ciudadano provocó un pequeño sismo en Puebla. El PAN intentó desconocerlo y aseguró que ya no representa nada. Morena desempolvó el discurso del «MCPRIAN». El PRI quiso opinar, aunque cada vez menos personas escuchan lo que dice. El Verde y el PT observaron desde el lugar que mejor conocen: el de los acompañantes.

Mientras tanto, Movimiento Ciudadano presentó a Gali como su fichaje estelar. Hay que reconocer que fue una jugada maestra de parte de la coordinadora estatal, Fernanda Suriano.

Si su incorporación fuera irrelevante, nadie habría reaccionado.

Pero todos reaccionaron.

Tony Gali conserva nombre, relaciones, capacidad económica y una red política que lleva años guardada. Falta saber cuánto territorio mantiene y cuántos antiguos operadores están dispuestos a abandonar la comodidad para volver a caminar con él.

Desempolvar ese capital será responsabilidad suya y de los naranjas.

Sin embargo, el principal problema que exhibe su regreso no está en Movimiento Ciudadano, sino dentro de Morena.

La dirigencia nacional continúa sin dar un verdadero manotazo en Puebla. Ha permitido que el partido se acerque a 2027 con una presidenta estatal que ocupa el cargo, pero difícilmente ejerce el mando.

Olga Romero sigue apareciendo los lunes en rueda de prensa para repetir que permanece al frente y que continuará mientras no exista una determinación distinta.

La aclaración se ha vuelto semanal porque la realidad cotidiana dice otra cosa.

Pablo Salazar opera, recibe, promete y construye. Claudia Hernández organiza la comunicación y responde los golpes. Otros grupos negocian candidaturas, estructuras y acuerdos.

A Olga le dejaron la silla, el membrete y el micrófono.

El poder se fue a otra oficina.

Hasta hace unos días, Morena podía darse el lujo de sostener esa simulación. La marca parecía suficiente para ganar Puebla capital y el único conflicto serio era decidir cuál de sus propios grupos se quedaría con la candidatura.

Artemisa, la “Bonita” y Pepe podían pelear tranquilamente por encabezar un día de campo electoral.

Gali convirtió ese paseo en un campo de batalla.

Puede afirmar que no buscará la presidencia municipal. Incluso puede cumplirlo. Pero no necesita aparecer en la boleta para complicarle la elección a Morena.

Le basta con construir una candidatura competitiva, atraer operadores inconformes, sumar empresarios, reagrupar a una parte del viejo panismo y ofrecer refugio a quienes no encuentren espacio en el oficialismo.

Ese es el verdadero tamaño del movimiento y muy pocos realmente se han dado cuenta de sus alcances.

Movimiento Ciudadano no solamente incorporó a un exgobernador. Adquirió un nombre capaz de sentar a negociar a personajes que antes ni siquiera contestaban las llamadas del partido naranja.

Morena, en cambio, continúa presumiendo unidad mientras su dirigencia estatal acumula ausencias, divisiones y liderazgos paralelos.

Olga Romero asegura que no busca una candidatura y que esperará los tiempos. El problema es que Morena ya esperó demasiado.

Le dieron oportunidades, cargo, reflectores y margen de operación. El partido no creció alrededor de ella; aprendió a trabajar sin ella.

Ahora la dirigencia nacional tendrá que decidir si llega a 2027 con una presidenta formal que estorba a quienes realmente operan o si reconoce de una vez por todas que el mando estatal ya cambió de manos.

Gali dice que no va.

Pero desde que llegó, todos comenzaron a moverse.

Todos, menos Olga.

Tal vez porque todavía no le informan que el temblor ya empezó.

riva_leo@hotmail.com

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