La caballada flaca del 2027

El proceso electoral de 2027 está a la vuelta de la esquina. El fervor comienza a sentirse y, por fortuna, esta vez no solamente dentro de Morena. Sin embargo, basta revisar el tablero poblano para advertir algo preocupante: quizá nunca habíamos tenido una caballada tan flaca al frente de los partidos políticos.

Hubo un tiempo en que presidir un partido en Puebla significaba poder, interlocución y respeto. Los dirigentes decidían candidaturas, construían acuerdos y eran escuchados por gobernadores, empresarios y adversarios. Hoy, la mayoría pasa inadvertida. Y quienes consiguen llamar la atención no siempre lo hacen por las razones correctas.

Mario Riestra prometía mucho. Como diputado federal construyó una plataforma importante, se acercó a Eduardo Rivera durante la elección de 2024 y terminó como candidato a la presidencia municipal de Puebla. Perdió de manera contundente y recibió como premio de consolación la dirigencia estatal del PAN. Casi dos años después, el resultado es pobre. Formalmente sigue presidiendo Acción Nacional y hasta promete competir sin alianzas en 2027, pero una cosa es aparecer en el directorio y otra muy distinta ejercer liderazgo.

Riestra no logró convertirse en jefe político de la oposición. Por el contrario, dentro y fuera de su partido crece la percepción de que dejó de confrontar al poder para convertirse en una oposición cómoda, predecible y administrable. Prometía ser contrapeso y terminó pareciendo parte de la decoración.

El PRI merece capítulo aparte. Su presidenta formal es Xitlalic Ceja, aunque Delfina Pozos sea una de las pocas priistas que todavía consigue aparecer en la conversación pública. El PRI poblano no ha muerto porque Dios es grande, las prerrogativas existen y todavía quedan algunos nostálgicos dispuestos a buscar una candidatura bajo sus siglas. Pero en 2027 se jugará algo más que diputaciones o presidencias municipales: se jugará su supervivencia.

Pasó de repartir candidaturas entre grupos poderosos a buscar, casi con linterna, a alguien dispuesto a aceptar una. Es difícil explicar cómo un partido que gobernó Puebla durante décadas terminó convertido en refugio de candidatos sin espacio en otra parte. Lamentable final para una maquinaria que parecía eterna.

Movimiento Ciudadano vive una contradicción. A escala nacional tiene marca, discurso, recursos y posibilidades de crecimiento; en Puebla, en cambio, todavía parece un barco cargado de oro que nadie ha sabido sacar del puerto. Fedrha Suriano realiza giras y conserva formalmente el control estatal, pero todavía no consigue traducir la expectativa nacional del partido en una fuerza electoral poblana.

Por algo desde la dirigencia nacional tuvieron que abrirle la puerta a Tony Gali como fichaje estelar. Nombre, estructura, relaciones y capital político tiene. Ahora falta conocer si MC pretende construir un proyecto competitivo o solamente rentar sus siglas a los personajes que ya no encontraron espacio en otros partidos. Mientras tanto, Fernando Morales parece jugar en otras mesas y acomodar piezas donde todavía encuentra lugar.

En el Partido Verde la situación es más sencilla: los Natale no sueltan la franquicia ni a golpes. Han desfilado nombres interesados en controlar ese partido (Estefan, Gali, Kuri y algunos más), pero Jaime “Jimmy” Natale mantiene la dirigencia y la familia conserva el negocio político. El Verde puede presumir crecimiento, municipios y capacidad de negociación; lo que no puede presumir es renovación.

Y salvo una tragedia interna, nadie debería sorprenderse si Juan Carlos y Jimmy Natale vuelven a encontrar acomodo en alguna boleta o lista legislativa. En esa empresa familiar podrán cambiar los candidatos, pero nunca los beneficiarios.

Fuerza por México tiene a Maiella Gómez como dirigente, aunque la percepción política es que las decisiones verdaderamente importantes pasan por la mesa de Pedro Haces. Maiella puede organizar reuniones, anunciar diagnósticos y preparar documentos rumbo a 2027, pero mientras su margen dependa de instrucciones superiores, hay poco que analizar: Fuerza por México seguirá siendo una fuerza disponible para la coalición que garantice su supervivencia.

En el Partido del Trabajo, Lizeth Sánchez tiene capacidad para hacer ruido y suficiente habilidad para sentarse a negociar. Eso no significa que el PT tenga peso propio. Su fortaleza no estará en ganar por sí mismo, sino en convertirse en un dolor de cabeza al momento de repartir candidaturas, posiciones y distritos. El PT quizá no imponga el rumbo, pero cobrará caro cada voto necesario para sostener la alianza.

Y finalmente está Morena. El partido que debería llegar más fuerte, organizado y aceitado al proceso de 2027 es, paradójicamente, el que navega con mayor confusión interna. Olga Romero conserva el título de presidenta estatal, aunque su autoridad parece reducirse cada semana: perdió espacios, perdió operadores, perdió presencia y perdió buena parte del escaso reconocimiento que alguna vez tuvo su cargo.

Es la dirigente de papel. O de chocolate, aunque se enoje Agustín Guerrero. La llegada de Pablo Salazar como coordinador general de delegados terminó de exhibir el problema. Formalmente no es presidente del partido, pero tiene bajo su responsabilidad la estructura territorial rumbo a 2027.

Entonces, ¿quién manda realmente? Olga encabeza las ruedas de prensa, pero Pablo trabaja con los delegados. Olga conserva el nombramiento, pero otros organizan el territorio. Olga piensa en una candidatura, mientras desde adentro parecen haber comenzado a desmantelar su pequeño espacio de poder.

Pablo Salazar no la ha sustituido formalmente. Solamente le quitó la oficina, la operación, el partido y, posiblemente, hasta la candidatura.

El único detalle es que Olga todavía no se ha enterado. Además, la figura con la que Salazar llegó a la estructura estatal no tiene un reconocimiento claro dentro del organigrama nacional de Morena. Eso deja al partido más grande de Puebla con dos cabezas: una que posee el nombramiento, pero no manda, y otra que opera, aunque todavía debe explicar hasta dónde llegan realmente sus facultades. Así está la partidocracia poblana rumbo a 2027. Los partidos sobreviven gracias a gobernadores, exgobernadores, dirigencias nacionales, cacicazgos familiares y liderazgos del pasado. Casi todos operan por encima de sus presidentes estatales.

Los dirigentes aparecen en fotografías, ofrecen conferencias y repiten discursos. Las decisiones se toman en otra parte. Al paso que vamos, Mario Riestra, Xitlalic Ceja, Fedrha Suriano, Jimmy Natale, Maiella Gómez, Liz Sánchez y Olga Romero podrían organizar una reunión para definir el futuro político de Puebla. Aunque, siendo realistas, lo único que podrían decidir sería el sabor de las palomitas. Porque mientras ellos observan cómo se construye el 2027, otros ya están repartiendo las candidaturas.

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