(segunda parte)
Ricardo Morales
A lo largo de los años, son múltiples los tesoros robados de las iglesias poblanas y que aparecen en subastas o se encuentran escondidos en casas y oficinas de importantes políticos y empresarios nacionales e internacionales.
Entre las piezas de arte sacro más importantes robadas en Puebla destacan obras de autores conocidos o de alto valor histórico-artístico (principalmente virreinales/barrocas del siglo XVI-XVIII), muchas de ellas registradas en bases como la de Interpol.
Puebla concentra una gran cantidad de robos de este tipo (cientos de piezas a lo largo de décadas), pero la mayoría son anónimas o de menor documentación. Estas son algunas de las obras más importantes que han sido robadas de iglesias de Puebla en los últimos años.
Sin lugar a dudas, las más importantes que fueron robadas son las obras de Luis Berrueco (pintor poblano, 1717-1749).
Las piezas fueron sustraídas en 2001 del templo de Huaquechula y son consideradas verdaderas joyas del periodo del virreinato y tesoros que Puebla perdió como parte de su patrimonio.
Se trata de ocho de sus obras (parte de una serie franciscana) que aparecen indexadas en el registro de Interpol, robadas del templo católico de San Francisco de la Selva: Los cuadros son el traslado de San Francisco, la visión de la redoma, la alegoría de la Inmaculada Concepción, el Papa Nicolás V ante el cuerpo de San Francisco, el funeral de San Francisco, la expansión de la Orden Franciscana y otra versión o variante del traslado de San Francisco.
El robo se registró el 20 de septiembre de 2001 y en total incluyó 14 pinturas y 6 esculturas.
En 2018, la PGR recuperó en una tienda de antigüedades de la Ciudad de México (Lomas de Chapultepec) dos esculturas de madera del siglo XVIII: Santa Ana y San Joaquín, provenientes de ese robo. También se aseguraron otras piezas sospechosas.
El municipio de Tochimilco también fue víctima de la delincuencia, ya que se robaron el retablo de San Francisco recibiendo los estigmas y una tabla de alto relieve en madera (anónima, siglo XVI), de aproximadamente 2.30 metros de alto × 1.70 metros de ancho y 200 kg de peso.
Este robo ocurrió el 10 de abril de 2001 en la Capilla de la Tercera Orden de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción (ex convento franciscano de Tochimilco).
Afortunadamente, la pieza sustraída apareció en una subasta en Santa Fe, Nuevo México (EE.UU.), con un precio base de unos 255 mil dólares.


El artículo fue recuperado en 2004 gracias a Interpol y la PGR, restaurado por el INAH y devuelto a la comunidad (conocida localmente como el “Santo de los Migrantes”). Es uno de los pocos retablos de este tipo y dimensiones que se conservan en México.
Sin embargo, uno de los mayores robos de arte sacro ocurrió hace un año, cuando 12 cuadros de los Apóstoles (y objetos litúrgicos) fueron robados de la llamada capilla de Nuestra Señora de los Gozos.
Se trató de óleos del siglo XVIII (escuela novohispana) con los rostros de los apóstoles, catalogados como arte sacro y patrimonio cultural por el INAH.
Fueron robados a finales de mayo de 2025 de la sacristía de la Capilla de Nuestra Señora de los Gozos (Centro Histórico de Puebla, 13 Poniente).
También se llevaron un nicho con imagen del Niño Dios, un cáliz antiguo, una custodia, un copón y otros elementos litúrgicos históricos. El caso se denunció ante autoridades federales e INAH.
Otros casos notables
Robo de 1952 (descrito como el mayor del siglo XX en la ciudad de Puebla). Este ocurrió en noviembre en un templo del centro histórico (relacionado con la advocación de Santiago/Virgen).
Se sustrajeron objetos de valor (incluyendo metales preciosos susceptibles de ser fundidos). Causó gran conmoción y se investigó con apoyo federal, aunque los detalles precisos de las piezas son escasos en fuentes abiertas.
Otro robo importante ocurrió en 2022, dentro de la Parroquia de Santa Isabel Tepetzala en Acajete. La corona de la Virgen fue sustraída y posteriormente recuperada. El templo alberga óleos de gran formato y esculturas de los siglos XVI-XVII.
- Históricamente, entre el 2000 y el 2011, el INAH registró cientos de piezas robadas en Puebla (esculturas, pinturas y objetos litúrgicos de los siglos XVI-XIX), muchas sin autor identificado. Entre 2007-2016 se documentaron al menos 172 piezas sustraídas solo en el estado.
Un factor que ha facilitado el robo de estas piezas es que muchas carecen de inventarios completos o fotografías detalladas, lo que dificulta su identificación y recuperación.
Las de mayor importancia suelen ser las firmadas o atribuidas a maestros como Berrueco, o las de gran formato y calidad artística del periodo virreinal. Las autoridades (INAH, Fiscalía y eclesiásticas) continúan investigando casos recientes, y algunas piezas aparecen años después en el mercado negro o subastas.

