
La pasada visita de la dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel Reyes, a Puebla, dejó en claro una cosa: sin el gobernador y su estructura no se gana la elección en Puebla.
Los números son muy claros, la principal estructura en la entidad es la que controla el mandatario estatal Alejandro Armenta, el cual es respetuoso de su partido, pero también mantiene su postura de influir en la definición de las candidaturas que van a estar en juego el próximo año.
Morena tiene en la entidad, en números redondos, un total de 750 mil afiliados, de acuerdo con los últimos reportes que se dieron a conocer por parte del coordinador territorial de este partido, César Addi, hombre ligado al exsecretario de Organización del CEN, Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente López.
La cifra dista mucho de los 2 millones de votos que obtuvieron tanto Armenta como la presidenta Claudia Sheinbaum en la elección del 2024, en donde arrasaron a la oposición.
El punto fino está en la estructura paralela que se ha conformado a nivel gubernamental, la cual es parte de los 750 mil afiliados a Morena, pero no lo es todo.
Morena cuenta con alrededor de 2 mil 700 comités seccionales, los que responden a una estructura clásica partidista (muy al estilo PRI), sin embargo, se quedan cortos ante los más de 11 mil comités de obra comunitaria, instalados a lo largo de los 217 municipios de la entidad, todos estructurados y manejados por gente afín al “armentismo”.
Este es el verdadero punto fino y por qué, sin la estructura gubernamental, nadie puede ganar una elección. Los comités de obra municipales manejados por el “armentismo” están presentes en cada uno de los municipios, juntas auxiliares y micro regiones de la entidad.
Y es aquí precisamente en donde entra en escena el operador electoral del mandatario estatal, Pablo Salazar Vicentillo, quien sirve como bisagra entre la estructura partidista de Morena y la estructura estatal, lo que conforma un ejército electoral poderoso.
Si esta estructura no se mueve el día de la elección, difícilmente alguien va a poder ganar, por más que se diga lo que se diga.
La designación de Uriel Figueroa como delegado del CEN de Morena en Puebla y en otros estados de la región, por supuesto que tuvo el visto bueno del mandatario estatal, quien tiene una excelente relación, pero también una alianza con el delegado del Bienestar, Rodrigo Abdala Dartígues, el objetivo es muy claro: fusionar la estructura estatal con la federal, para trabajar de manera conjunta la elección.
La designación de Uriel, por supuesto, fortalece las aspiraciones del delegado Abdala, quien, por demás decir, es cercano a la dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel.
Uriel era el secretario particular de Rodrigo y su hombre de todas las confianzas junto con el impresentable de Mario Monterrosas Alonso y Vida Inés Vargas, quien fungió en 2024 como encargada de despacho de esta dependencia.
El gobernador es pieza clave para el proceso electoral del próximo año y su estructura es la más sólida en la entidad. Sin su operación política, difícilmente se podrá sacar adelante la elección.
El conflicto de 1992 en Volkswagen. El especial sobre el conflicto laboral de 1992 en la empresa automotriz alemana Volkswagen de México, cuya planta se asienta en Cuautlancingo, resultó todo un éxito en redes sociales.
Este movimiento cambió las relaciones laborales de la industria automotriz en México, previó a la entrada en vigor del TLC en el año de 1994.
Mi querido amigo, el periodista Carlos Castillo, quien vivió de cerca este conflicto por su relación con el exdirigente sindical de esta empresa, Salvador Cano, tuvo a bien agregar algunos aspectos importantes sobre este conflicto laboral, el cual hoy se sabe, fue provocado por el propio gobierno para beneficiar a la planta automotriz.
Castillo me comentó que Gaspar Bueno no tenía relación ni con Salvador Cano, ni con Luis Fonte Zenteno, pero lo que sí es la parte tórica de este conflicto, fue el papel que jugó el ya fallecido Jesús Valencia de la Luz, quien se encargó de iniciar el movimiento que derivó en la huelga que provocó el despido de los 14 mil trabajadores de la empresa.
Chucho Valencia no era originario de Tepeaca, sino de Nativitas Cuautempan, junta auxiliar de Coyotepec, el lugar en donde también nació Mario Marín Torres.
Incluso se habla de que Marín y Valencia pudieron haber sido parientes lejanos, pero con muy buena amistad.
Su hermano de Chucho, Gabriel, se vio beneficiado con obra durante la administración del exgobernador hoy preso en el altiplano.
Esto demuestra el rol que jugó Marín a través de Jesús Valencia, por órdenes del entonces gobernador Manuel Bartlett, quien tenía una excelente relación con el entonces director y después vicepresidente de VW, el poblano Francisco Bada Sanz.
Esa es la historia.
riva_leo@hotmail.com
