El informe, el micrófono y la responsabilidad de hacer política

pleca

Néstor Camarillo: un informe que también mide fuerzas
Néstor Camarillo Medina rindió su Segundo Informe Legislativo ante alrededor de cinco mil personas en el Centro Mexicano Libanés. El número, por sí mismo, habla de capacidad de convocatoria y, políticamente, tampoco puede pasar desapercibido.
El senador estuvo acompañado por figuras nacionales de Movimiento Ciudadano, entre ellas su coordinador nacional, Jorge Álvarez Máynez; el secretario general, Agustín Torres Delgado; senadores como Clemente Castañeda, Amalia García, Daniel Barreda y Luis Donaldo Colosio Riojas, además de diputados federales y la dirigencia estatal encabezada por Fedrha Suriano Corrales.
Más allá del protocolo, la fotografía política resulta evidente: Movimiento Ciudadano comienza a mostrar músculo en Puebla y Camarillo se coloca como uno de los personajes que buscan construir presencia para el partido en el estado.
Durante su informe, el senador presumió una agenda enfocada en educación, economía circular, derechos humanos, generación de empleo y seguridad. También insistió en que legislar no significa solamente acudir a las sesiones del Senado, sino escuchar, recorrer, gestionar y defender a los ciudadanos.
El discurso es correcto.
Pero precisamente por eso habrá que medirlo con la vara más importante de la política: los resultados.
Un informe legislativo no debería evaluarse por el número de asistentes, por la cantidad de fotografías con dirigentes nacionales o por los aplausos recibidos. La verdadera evaluación está en saber qué iniciativas prosperaron, qué gestiones tuvieron resultados concretos y qué beneficios llegaron efectivamente a los poblanos.

Camarillo tiene ahora el reto de convertir el respaldo político que mostró el evento en resultados visibles.
Porque cinco mil personas pueden llenar un salón.
Pero no necesariamente llenan el vacío de resultados que la ciudadanía suele reclamar a sus representantes.
Y en un escenario donde Movimiento Ciudadano busca crecer en Puebla, el informe también puede leerse como una declaración política: aquí estamos y queremos competir.
La pregunta será si esa presencia puede traducirse en votos, estructura y confianza ciudadana.
Eso, sin embargo, solamente lo podrá responder el tiempo.
Las diputadas y el peso de un micrófono
Otro tema, completamente distinto, pero que deja una lección para toda la clase política, es el episodio protagonizado por las diputadas morenistas Nayeli Salvatori Bojalil y Graciela Palomares Ramírez a raíz de sus expresiones durante el podcast DesCasadas.
El asunto no debe reducirse únicamente a una disputa partidista ni a la sanción que Morena determinó aplicar.
Hay una discusión mucho más importante detrás:
¿Qué responsabilidad tiene un representante popular sobre lo que dice frente a un micrófono?
La respuesta debería ser sencilla: mucha.
Un diputado puede tener sentido del humor, puede ser irreverente, puede tener opiniones personales y puede participar en espacios distintos a los institucionales.
Pero cuando habla una persona que ocupa un cargo de elección popular, sus palabras dejan de ser completamente privadas.
Y eso aplica para todos.
Para Morena, para Movimiento Ciudadano, para el PAN, para el PRI y para cualquier partido.
No se trata de censurar.
Tampoco de pretender que los políticos sean personajes sin personalidad.
Se trata de entender que la libertad de expresión también implica responsabilidad.
Hoy un comentario puede convertirse en un video viral en cuestión de minutos. Una frase puede ser sacada de contexto, pero también puede revelar una forma de pensar que genere molestia, indignación o rechazo.
Y ahí está precisamente el problema.
Los políticos parecen olvidar que el micrófono no solamente amplifica la voz.
También amplifica las consecuencias.
El ejemplo de las diputadas poblanas debería servir como advertencia para todos aquellos que ocupan una curul: no importa si se encuentran en el Congreso, en una entrevista, en un podcast o en una reunión pública.

La investidura viaja con ellos.
La diferencia fundamental es que un comunicador o conductor responde principalmente por su imagen y su trayectoria.
Un legislador, en cambio, responde además ante sus electores y ante la institución que representa.
Por eso la vara debe ser distinta.
No se trata de pedir políticos aburridos, acartonados o incapaces de hacer una broma.
Se trata de pedir políticos conscientes de que cada palabra puede tener un costo.
La política también se construye con palabras
Dos asuntos distintos dejan, sin embargo, una misma enseñanza.
Por un lado, Néstor Camarillo presenta un informe en el que habla de responsabilidad, cercanía, resultados y defensa de Puebla.
Por otro, las polémicas recientes protagonizadas por figuras políticas y públicas recuerdan que también existe una responsabilidad en la manera de comunicar.
La política no solamente se hace con iniciativas y votos.
También se hace con palabras.
Y quizá llegó el momento de que todos los representantes populares entiendan que un micrófono no es un juguete.
Porque cuando habla un ciudadano, habla por sí mismo. Cuando habla un legislador, detrás de sus palabras hay miles de ciudadanos que lo eligieron.

El micrófono se apaga.
La transmisión termina.
Pero las palabras quedan.
Y la ciudadanía, tarde o temprano, termina pasando factura.
Y nuevamente, aquí viene la gran pregunta, ¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?
Para cualquier duda, sugerencia o comentario, estoy en mis redes sociales:
X: @jorgereportero1
Portal digital: www.elquintomedio.com
Correo: jorgeab304@gmail.com

Te puede interesar