La marca ya no es suficiente

Por Manuel CARMONA

Hay una tentación recurrente en la política: ganar una elección y pensar que se descubrió una fórmula permanente para ganar todas las demás.

Morena enfrenta hoy ese riesgo.

Durante años, el partido gobernante disfrutó de una condición excepcional. Tenía una marca política poderosa, una narrativa dominante y, sobre todo, la presencia de Andrés Manuel López Obrador, cuya capacidad para movilizar simpatías compensaba errores, diferencias internas y hasta perfiles cuestionables. La marca resolvía problemas que los candidatos no podían resolver por sí mismos.

Pero 2027 no será 2018.

Las circunstancias han cambiado. Morena sigue siendo la principal fuerza política del país, pero ya no es un movimiento insurgente; es el partido en el poder. Y el poder tiene una característica poco amable: acumula desgaste.

Después de años gobernando, la organización carga con conflictos locales, disputas internas, grupos enfrentados y gobiernos estatales sometidos al juicio cotidiano de los ciudadanos. Lo mismo ocurre en entidades como Zacatecas, Campeche, Tabasco, Sinaloa, Guerrero o Michoacán, donde los desafíos de seguridad, gobernabilidad, desarrollo económico o gestión pública generan percepciones que inevitablemente terminan asociándose con quienes gobiernan.

Nada de eso existía en la misma magnitud en 2018.

Por eso resulta llamativo que algunos sectores de Morena parezcan convencidos de que la lealtad interna sigue siendo el principal criterio para seleccionar candidatos. Como si las elecciones futuras fueran una evaluación de militancia y no una competencia para gobernar territorios cada vez más complejos.

La política mexicana ha demostrado una y otra vez que las marcas ayudan, pero no hacen milagros. Llega un momento en que los electores dejan de votar por una esperanza colectiva y comienzan a examinar a las personas concretas que aparecerán en la boleta.

Y ahí surgen las preguntas incómodas.

¿Tiene experiencia para gobernar? ¿Sabe construir acuerdos? ¿Puede enfrentar una crisis de seguridad? ¿Entiende los problemas económicos de su estado? ¿Cuenta con liderazgo propio o depende exclusivamente del prestigio de otros?

Son preguntas que tarde o temprano terminan alcanzando a cualquier partido.

Morena todavía conserva ventajas significativas frente a sus adversarios. Pero la historia política mexicana está llena de organizaciones que confundieron popularidad con invulnerabilidad.

Tal vez la principal prueba para el partido en 2027 no sea ganar elecciones.

Tal vez sea demostrar que aprendió la diferencia entre reclutar leales y formar gobernantes.

Porque las lealtades ayudan a conquistar el poder, 

pero la capacidad es la que permite conservarlo.

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