Por Manuel CARMONA
Hay decisiones políticas que provocan un cisma. la de Rubén Rocha Moya produjo algo bastante más aparatoso todavía: un sismo institucional.
Después de 112 días de licencia, el gobernador de Sinaloa regresó al cargo el viernes 21 de agosto. Lo hizo sin consultar, según reconocieron la Presidenta Claudia Sheinbaum y la dirigencia nacional de Morena. apenas unas horas después, ante el terremoto político que había provocado, volvió a solicitar licencia nuevamente por tiempo indefinido. El Congreso sinaloense terminó aprobándola por unanimidad.
En otras palabras, Rocha Moya regresó para gobernar y terminó gobernando apenas lo suficiente para demostrar que podía regresar.
El episodio sería cómico si no involucrara a una institución fundamental de la República: la gubernatura de un Estado.
Su regreso ocurrió mientras enfrenta acusaciones de fiscales estadounidenses por presuntos vínculos con una organización criminal, señalamientos que él rechaza y que no equivalen a una condena. El gobierno mexicano, además, ha sostenido que no existen elementos suficientes para proceder contra él. pero una cosa es el debido proceso y otra muy distinta la oportunidad política de una decisión.
Rocha decidió volver amparado en su convicción de que podía hacerlo. el problema fue que su decisión personal dejó de ser personal en cuanto puso a Morena, al gobierno federal y a la propia Presidenta frente a una crisis que nadie parecía haber pedido.
Sheinbaum tuvo que marcar distancia. Morena también. y finalmente Rocha dio marcha atrás.
Así que el gobernador produjo un nuevo fenómeno meteorológico: una réplica al primer terremoto. con su regreso puso a Sinaloa —y buena parte de la política nacional— de cabeza; con su nueva licencia para separarse del cargo por tiempo indefinido volvió a enderezarlo, aunque dejó el suelo lleno de escombros.
Ahora vendrá lo difícil: removerlos, acomodar las piezas y tratar de entender lo qué ocurrió y, sobre todo, por qué ocurrió y eso será con el transcurrir de los días.
Entre muchas de las preguntas que deben ser contestadas, es quién ordenó, autorizó, ó consintió su regreso, quién le ordenó luego dar marcha atrás y qué tanto daño hizo a la autoridad presidencial que un gobernador pudiera regresar al cargo sin siquiera avisar a quien ocupa Palacio Nacional.
Un gobernador puede tener facultades legales para volver.
Pero en política, como en los terremotos, tener derecho a mover una estructura no significa que convenga hacerlo sin revisar primero si los cimientos todavía aguantan.
Y en México todos sabemos, que el horno no está para bollos….
