Morena Puebla: sin oposición que asuste, pero con alcaldes que preocupan

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En Morena Puebla alguien movió una silla y se alborotó la oficina completa. Olga Lucía Romero Garci-Crespo dejó la dirigencia estatal para buscar la candidatura a la alcaldía de Tehuacán en 2027 y, como manda el manual de la política mexicana, apenas se desocupó el escritorio comenzaron las preguntas: ¿quién sigue?, ¿quién manda?, ¿quién reparte y quién se queda mirando?

Por lo pronto, Guadalupe Siyancan Peregrina Díaz quedó al frente de Morena Puebla de manera provisional, mientras la dirigencia nacional decide si nombra a un delegado con funciones de presidente o define otra salida. 

Entre los nombres mencionados para el relevo también aparece Rodrigo Abdala Dartigues, aunque no existe una designación definitiva.

La silla está ocupada temporalmente, pero la disputa por la influencia política rumbo a 2027 sigue abierta. Y en Morena, donde todos presumen ser compañeros, basta mencionar la palabra candidatura para descubrir que la fraternidad tiene sus límites.

¡Qué curioso! Todos llegaron para transformar la vida pública, pero algunos parecen más preocupados por transformar su posición en el organigrama.

La oposición duerme y Morena se entretiene

El problema para los adversarios de Morena es que no han logrado consolidar una alternativa que capitalice de manera clara el descontento ciudadano. El PAN, el PRI y Movimiento Ciudadano tienen presencia, dirigentes y aspirantes, pero todavía necesitan demostrar que pueden convertir sus discursos en una propuesta convincente para los municipios poblanos.

Mientras tanto, Morena parece tener un adversario más incómodo que la oposición: sus propios resultados.

Porque una cosa es ganar una elección con una marca fuerte y otra gobernar bien. Y ahí es donde varios ayuntamientos tienen que rendir cuentas, no con fotografías, informes llenos de cifras o discursos de transformación, sino con resultados que la gente pueda comprobar.

Hay municipios donde las administraciones morenistas han enfrentado cuestionamientos, conflictos políticos y señalamientos sobre su desempeño. El caso de Acatlán, donde regidores impulsaron un procedimiento relacionado con la revocación de mandato de la alcaldesa Guadalupe Lucero Bárcenas, muestra que las dificultades no son únicamente un asunto de las dirigencias partidistas.

Y si el partido necesita evaluar a sus propios alcaldes para verificar que cumplan con sus principios y con las expectativas de la población, la pregunta resulta inevitable: ¿no se supone que esos perfiles fueron seleccionados precisamente porque estaban preparados para gobernar?

Tal parece que algunos entendieron que ganar la presidencia municipal era el examen final, cuando en realidad apenas era el primer día de clases.

La factura de los alcaldes

Morena puede presumir triunfos electorales, pero los votos no son eternos ni las siglas partidistas funcionan como un seguro contra el descontento.

El ciudadano que enfrenta problemas de inseguridad, bacheo, servicios deficientes, falta de agua, calles deterioradas o trámites interminables no necesariamente distingue entre las distintas corrientes del partido. Para él, el responsable tiene nombre y apellido: el alcalde o la alcaldesa que eligió para resolver esos problemas.

Y cuando las respuestas no llegan, el costo político se acumula.

De poco sirve que un edil se declare fundador del movimiento, cercano al pueblo o defensor de la transformación si los habitantes de su municipio no perciben mejoras en su vida cotidiana. La lealtad partidista puede ayudar a ganar una elección, pero no sustituye la obligación de gobernar.

Aquí está el verdadero riesgo para 2027: que Morena llegue a la selección de candidaturas con una lista de aspirantes convencidos de merecer la reelección, mientras la ciudadanía tiene su propia lista, pero de pendientes.

Porque los partidos suelen evaluar a sus candidatos por estructura, posicionamiento y capacidad de movilización. El ciudadano, en cambio, puede evaluarlos con una pregunta mucho más sencilla: ¿qué hizo por mi municipio?

Y esa pregunta no se contesta con una encuesta interna ni con una reunión entre dirigentes.

¿Morena repetirá en las alcaldías?

Poner en duda que Morena repita sus triunfos municipales en 2027 no es anunciar una derrota; es reconocer que cada gobierno tendrá que defender sus propios resultados.

La marca puede seguir siendo un activo electoral, pero no todos los alcaldes llegan al siguiente proceso con las mismas condiciones.

 Algunos tendrán que explicar qué hicieron durante su administración; otros, enfrentar las inconformidades de sus propios compañeros, y algunos más descubrirán que el respaldo partidista no alcanza para convencer a una ciudadanía cansada de promesas.

La oposición tiene una oportunidad para construir alternativas, aunque hasta ahora no ha demostrado de manera generalizada que pueda transformar el malestar en una opción suficientemente reconocible. Pero sería un error que Morena confundiera esa debilidad con una garantía de continuidad.

Porque el descontento no necesita afiliarse al PAN, al PRI o a Movimiento Ciudadano para convertirse en un problema electoral. También puede traducirse en abstención, voto de castigo o pérdida de respaldo a determinados gobiernos.

Y mientras los partidos hacen sus cálculos, la gente hace los suyos.

Olga Lucía Romero va por Tehuacán; Guadalupe Siyancan ocupa provisionalmente la dirigencia; Rodrigo Abdala aparece entre los nombres mencionados y los distintos grupos observan cómo se acomoda el tablero.

Todos tienen derecho a competir, pero ninguno tiene asegurado el aplauso de la militancia ni el voto ciudadano.

Morena todavía cuenta con una posición política importante, pero debe decidir si su prioridad será repartir candidaturas entre los grupos o exigir resultados a quienes ya tuvieron la oportunidad de gobernar.

Porque si los alcaldes no hicieron la tarea, si los ciudadanos acumulan inconformidades y si los dirigentes pasan más tiempo discutiendo quién manda que revisando qué funciona, la oposición ni siquiera necesitará hacer demasiado ruido para beneficiarse de los errores ajenos.

Aunque, para eso, primero tendría que despertar.

Por lo pronto, en Morena Puebla la pregunta ya no es solamente quién se queda con la silla de Olga Romero. También es cuántos alcaldes llegarán a 2027 con resultados que presumir y cuántos tendrán que explicar por qué quieren repetir cuando todavía hay pendientes por resolver.

La transformación no consiste en cambiar de dirigente, de candidato o de fotografía. Consiste en que el ciudadano note la diferencia.

Y si en Morena creen que basta con ganar porque enfrente no hay una oposición suficientemente fuerte, quizá deberían recordar que el pueblo no siempre avisa cuándo se cansa.

 Algunos sueñan con repetir en la boleta; otros, con conservar la silla. Pero en los municipios hay ciudadanos que solamente quieren que alguien, de una vez por todas, haga bien su trabajo.

Y aquí viene la gran pregunta, ¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?

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