La era de los “fraudes patrióticos” se inauguró en Puebla en 1983
Bartlett revirtió los resultados de las elecciones en la capital del estado, luego en Chihuahua en 1985 y coronó esta etapa con la “caída del sistema en 1988”.
Ricardo Morales Sánchez
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Hoy que de nueva cuenta está a debate el papel del Instituto Nacional Electoral (INE), gracias al actuar de su presidenta, Guadalupe Tadei Zavala (la enamorada), vale la pena recordar la forma en que se desarrolló la creación de los organismos “autónomos” para la organización de las elecciones en nuestro país.
Hasta antes de la creación de los órganos electorales, el gobierno, a través de la Secretaría de Gobernación, se encargaba de la celebración de las elecciones y el Congreso ganador vigente era el que se encargaba de calificar los procesos y declarar la validez de estos, inverosímil.
Un personaje juega un papel fundamental en la creación de estos organismos y en la creación de una incipiente democracia mexicana, que va a derivar en la creación del antes Instituto Nacional Electoral, ahora Instituto Nacional Electoral, el poblano-tabasqueño, Manuel Bartlett Díaz, el antiapóstol de la democracia.
El 2 de julio de 1967, el Partido Acción Nacional ganó por primera vez una de las capitales del país, Hermosillo, Sonora, de la mano de Jorge Valdés Muñoz.
Diez años después, Jesús Reyes Heroles, siendo secretario de Gobernación, promulga su famosa reforma que da lugar a la creación de nuevos partidos políticos, el reconocimiento del partido comunista y de la representación proporcional en ambas cámaras.
Esta visión de tratar de “democratizar” la vida del país fue vista por algunos personajes como una “debilidad” por parte del presidente López Portillo y del partido en el poder, el PRI, abriendo espacios a la oposición; uno de ellos fue Manuel Bartlett.
En 1982 el país estaba devastado, luego de la desastrosa administración de López Portillo, que cerró su gestión con la nacionalización de la banca, luego de llorar en su sexto informe por no haber defendido al peso como un perro.
En este marco, Miguel de la Madrid Hurtado, un tecnócrata, inaugura la era de los hombres emanados con un perfil técnico y no político en el país; designa como su secretario de Gobernación a Manuel Bartlett, un personaje cuyo padre había sido gobernador de su natal Tabasco y que en la época de Lázaro Cárdenas, siendo juez, había decretado la nacionalización de la industria petrolera.
Con Bartlett al frente de la secretaría encargada de la política interior del país, se inaugura la era de los “fraudes patrióticos”.
Bartlett veía cómo Acción Nacional avanzaba electoralmente beneficiado por las reformas aprobadas por Reyes Heroles, pese a contar con el apoyo de los partidos “paleros” o “satélite”, como el PPS o el PARM, que electoralmente ya no le servían al PRI.
Desde la dependencia a su cargo, Bartlett se opone al avance del panismo en México y busca a toda costa frenarlo, siendo Puebla y su capital el primer punto clave para evitar el avance del albiazul en el país.
En 1983 se enfrentaron en las elecciones de ese año el “delfín” del entonces gobernadorGuillermo Jiménez Morales, su secretario de Finanzas, el priista Jorge Murad Macluf, y el panista, el empresario Ricardo Villa Escalera, dueño de la fábrica “El Triunfo”.
La crisis de 1982 había lastimado (como siempre a las clases medias poblanas) que en las elecciones de ese año estaban molestas con el PRI. (Puebla tiene una tendencia conservadora y católica), lo que facilitó las cosas para que el entonces “carismático” empresario Villa Escalera obtuviera un amplio triunfo en la jornada electoral celebrada el 27 de noviembre de 1983.

Desde Bucareli, Bartlett habló con el entonces gobernador de Puebla, Guillermo Jiménez Morales, para instruirle que debería revertir el triunfo obtenido por el PAN en aquella elección.
Jiménez Morales, a su vez, habló con el entonces dirigente estatal del PRI, Melquiades Morales Flores, y con su particular Efraín Trujeque, quienes instruyeron a José Alarcón Hernández para “operar” y revertir los resultados de la elección, con robo de urnas y sustracción de las boletas de votación, una vez cerradas las casillas; todo esto ocurrió al filo de las 20 horas, cuando cerró la votación y el PRI se sentía derrotado.
El panismo aseguraba haber ganado con el 70 por ciento de los votos; sin embargo, el resultado oficial luego de todos estos incidentes fue una victoria del PRI y de Murad con el 67 por ciento de los votos, por el 33 por ciento de Villa Escalera.
De esa manera, Bartlett inauguró oficialmente la etapa de los “fraudes patrióticos”, la cual se extendería en 1985 a Chihuahua, en donde le robaron el triunfo al panista Francisco Barrio, recientemente fallecido, y más tarde se coronaría con la “caída del sistema”, para robarle la elección y la presidencia de la República a Cuauhtémoc Cárdenas a favor de Carlos Salinas de Gortari.
