La trampa del favorito 

Por Manuel CARMONA

Morena parece haber descubierto una fórmula sencilla para elegir a sus candidatos rumbo a 2027: preguntar a los ciudadanos quién está mejor posicionado y, después, hacer como que la respuesta ya no necesita demasiadas explicaciones.

Las primeras designaciones de sus llamados “Defensores de la Cuarta Transformación” parecen confirmar esa lógica. En Aguascalientes, Campeche, Colima, Querétaro y Sinaloa, el partido presentó a Nora Ruvalcaba, Pablo Gutiérrez Lazarus, Rosa María Bayardo, Santiago Nieto e Imelda Castro como ganadores de sus procesos internos. La dirigencia sostuvo que fueron resultado de las encuestas, aunque los resultados detallados de esas mediciones no fueron publicados.

La señal, sin embargo, parece bastante clara: Morena quiere competir con quienes considera más competitivos.

Si esa regla se mantiene cuando llegue el turno de Puebla capital, entonces habría que mirar bajo esa lógica a Pepe Chedraui.

La encuesta atribuida a Parametría lo coloca al frente de prácticamente todos los indicadores entre los perfiles considerados: 40% de conocimiento, 39.3% de opinión positiva, 39.7% en la percepción de que sería un buen candidato y 39.5% de disposición a votar por él. En preferencia para representar a Morena registra 21.9%.

Con esos números, sería ingenuo descartarlo.

Pero también sería demasiado cómodo convertirlos en acta de nacimiento de una candidatura.

Porque una cosa es ser el CANDIDATO más competitivo dentro de Morena y otra, bastante diferente, gobernar Puebla.

Ahí aparece la terca realidad.

Una encuesta mide el momento; una administración deja saldos. Y los ciudadanos no votan únicamente con las gráficas de una encuestadora, sino con la memoria de lo que viven diariamente en las calles y a la fecha no ha sido una buena experiencia que digamos.

Por eso, si Morena aplica en Puebla la misma lógica que parece estar utilizando en las gubernaturas, Chedraui podría tener una ventaja objetiva para obtener la candidatura.

Pero eso no significa que tenga garantizado el RESULTADO de la elección.

La política tiene esa desagradable costumbre de arruinar los pronósticos cuando los candidatos comienzan a confundir posicionamiento con aceptación y candidatura con triunfo.

Así que el escenario podría resumirse, en una frase bastante menos triunfalista:

Candidato, sí,  nuevamente Alcalde, está por verse.

Y entre una cosa y otra, hay de por medio una ELECCIÓN.

Que, por cierto, todavía no se ha celebrado…

Te puede interesar