Expertos analizaron el impacto de la tecnología en las aulas.
Ocho de cada diez universidades carecen de métodos para verificar el aprendizaje con IA.
Es necesario transformar el diseño curricular debido al uso de la inteligencia artificial (IA) generativa en las aulas, coincidieron en señalar especialistas de la UPAEP y la Universidad Hebraica, quienes debatieron los desafíos metodológicos y éticos que plantea el uso masivo de esa herramienta.
Durante el foro «Nuevas Arquitecturas Pedagógicas en la Educación Superior: los futuros de la IA», se revelaron datos críticos sobre el panorama escolar. Carlos Mauricio Aguila Cervera, Vicerrector de Docencia de la UPAEP, advirtió que el rezago metodológico es evidente en la mayoría de los campus universitarios del país.
«Ocho de cada diez instituciones de educación superior no disponen de instrumentos para verificar si hubo aprendizaje en el estudiante al usar la IA», señaló Aguila Cervera. El directivo enfatizó la importancia de la «agencia docente» para decidir cuándo y cómo integrar estas tecnologías.
Por su parte, Mauricio Friedman, Director Académico de Educación en la Universidad Hebraica, aseguró que el problema no es meramente técnico, sino pedagógico. Para Friedman, la IA solo puso bajo estrés prácticas de enseñanza que ya resultaban obsoletas.
«Hemos querido evaluar el producto y no evaluar el proceso», sentenció el académico, comparando la delegación cognitiva con pagarle a un tercero para ir al gimnasio. El experto propuso transitar hacia un esquema de acompañamiento formativo continuo.
La discusión también abordó el marco ético y la redefinición del conocimiento en la era digital. Marcelo Milrad, catedrático de la Universidad Linneo en Suecia, compartió cómo modificó sus evaluaciones en materias de programación.
Milrad explicó que ahora se permite y favorece el uso de IA, pero la calificación se basa en la argumentación de los alumnos. «Hemos cambiado la articulación de la argumentación del porqué del uso de las herramientas», detalló el especialista internacional.
En este sentido, Roberto Casales García, investigador de la UPAEP, previno contra la idea de reducir las carreras a capacitaciones técnicas. El filósofo advirtió que adiestrar alumnos solo en redactar instrucciones es un grave retroceso.
«Saber dialogar con la IA es útil, pero reducir la formación universitaria a la ingeniería del prompt es confundir la gimnasia con la magnesia», enfatizó Casales García. El investigador llamó a diseñar evaluaciones creativas que refuercen la responsabilidad intelectual.
La mesa redonda concluyó destacando el valor de la presencialidad y la colaboración interinstitucional frente a la automatización digital. Los ponentes coincidieron en que los lazos de confianza entre docente y estudiante siguen siendo insustituibles.
Aguila Cervera resaltó que la interacción directa y la retroalimentación oportuna en el aula representan la mayor ventaja de la universidad. Al respecto, el foro sirvió como punto de partida para que ambas instituciones colaboren en el desarrollo de metodologías y software aplicados.
Con este debate, la academia mexicana y europea busca trazar un rumbo claro donde el desarrollo tecnológico camine a la par del crecimiento ético y humano de la sociedad.
